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miércoles, 27 de octubre de 2010

Diálogos / Platón


De estos libros que dices. ¿Cómo cojones voy a reseñar lo que está más que reseñao? Que hasta he tenido que estudiármelo en COU y en la carrera... qué puedo escribir de él que no haya escrito aún...
Poquito que decir, me temo, pero al menos quedan los fragmentos. Momentos de oro en los que el colega Sócrates se explaya y llega a conclusiones haciéndoles la picha un lío a los otros. Pero perfectamente justificado. Supongo que si le dijera a mis ex-profesores que, una vez habiéndome leído estos Diálogos, me recordaban a Sócrates, se pondrían a hacer palmas con las orejas. Qué cabrones. Especialmente recuerdo al último, cuando estaba con la carrera. Éramos cinco pringaos en clase y a mí me gustaba darle bola al tío. Es muy chungo cuando habiendo sólo 5 alumnos haces una pregunta y ninguno te responde o miran al suelo. Además, al tío se le veía que le molaban los jóvenes (¡Ojo! No del mismo modo que le gustaban a los hombres de la sociedad griega de aquella época) y hablar con ellos. Tal y como hace Sócrates con los jóvenes, el hacerles descubrir sus pripias contradicciones e incitarles a llegar a concluisones coincidentes con su propia versión del asunto.
Marearte, vamos. Que siendo el autor que fuera, acababas llegando a la misma conclusión que dicho autor mediante deducción. Bueno inducción. Inducida por sus preguntas. Lo bueno del asunto es que, para hacer eso, tienes que (a parte de tener mente rápida) dominar la materia, para saber qué argumentos utilizar para que quede completamente justificado. La verdad es que es una forma de enseñar excelente. Se te iban quedando los autores y sus teorías.

Obviamente, no es lo mismo que ocurre en los diálogos, dado que los temas que se tratan son totalmente abstractos y no pueden considerarse como históricos, como era el caso en las clases de filosofía. Las clases consistían en un profesor que se ponía en el papel de todos los filósofos para hacer comprender al alumno utilizando el método pregunta-respuesta.
Como si considerara que el conocimiento fuera más bien un reconocimiento. Que en vez de aprender, recordamos. Así es como piensa Sócrates y lo menciona, entre otros, en "Fedón, o de la inmortalidad del alma" en una conversación con un tal Cebes.

En esta edición los diálogos que aparecen son:
  • Gorgias, o de la retórica.
  • Fedón, o de la inmortalidad del alma.
  • El banquete, o del amor.
El primero pertenece a sus diálogos de transición y los otros dos son diálogos críticos, pertenecientes a su época de madurez.
Una de las divisones que se hace de los diálogos establece cuatro épocas según la cronología y apoyándose en la influencia de Sócrates en su pensamiento. Como es sabido, y sino ya estoy yo pa recordároslo (guiño), no constan documentos escritos por Sócrates, sino que lo que conocemos de su filosofía es gracias a Platón, que fue alumno suyo. Y, como suele ocurrir, el alumno superó al maestro (o tomó otros derroteros, como prefiera cada uno verlo); esto pasa conforme Platón va haciéndose mayor, de ahí que la división sea principalmente cronológica.
Poco a poco va acercándose a la teoría de las Ideas. Que me encanta. La idea de caballo. La idea de mesa. Y así. Peeeeeero tampoco estoy aquí pa andar desarrollándola, asín que hasta aquí puedo leer. No es de lo que trata el libro, aunque se intuyen las pinceladas.

I. Gorgias, o de la retórica

En este diálogo Sócrates se enzarza en una discusión con Gorgias acerca de lo que Gorgias considera el "arte" de la retórica. Nuestro amigo Sócrates no está muy de acuerdo con lo que dice Gorgias: que es el más relevante y útil de todos.
Para Gorgias el mayor bien es

"el de estar apto para persuadir con sus discursos a los jueces en los tribunales, a los senadores en el Senado, al pueblo en las asambleas; en una palabra, a todos los que componen toda clase de reuniones políticas. Este talento pondrá a tus pies al médico y al maestro de gimnasia y se verá que el economista se habrá enriquecido no para él, sino para otro, para ti, que posees el arte de hablar y ganar el espíritu de las multitudes. "

Básicamente Sócrates le dice que eso de persuadir a la peña es un poder de aduladores, y que, por norma general, la finalidad de los que practican dicho arte es obtener un beneficio de él. No se trata de convencer, ni aportar justicia, sino de ganar algo a base de engaños. No es el arte de la palabra y del convencimiento independientemente de la materia a tratar, es más divertir que instruir.

"no es el placer lo que hay que buscar por el bien, sino el bien en vista del placer"

Y después de un rato comiéndole el tarro al otro con todo esto, termina concluyendo con:

"se debe tener mucho más cuidado de cometer una injusticia que no de ser víctima de ella y que ante todo se debe procurar no sólo parecer un hombre de bien, sino serlo lo mismo en público que en privado; que si alguno faltare en algo fuere en lo que fuere, es preciso castigarle; y que después del primer bien, que es ser justo, el segundo es llegarlo a ser y sufrir el correctivo que antes mereció; que es preciso huir de la lisonja de sí mismo como de la de los demás y que jamás ha de servirse de la retórica ni de ninguna otra profesión si no es con miras a la justicia. Ríndete, pues, a mis razones y sígueme por la ruta que te conducirá a la felicidad en esta vida y después de tu muerte como acaba de demostrar este discurso."

II. Fedón, o de la inmortalidad del alma

En este hay que destacar en primer lugar el contexto en el que se desarrolla el diálogo. Más bien tertulia, porque hay demasiada gente. La explicación de ésto es que tuvo lugar la noche en la que Sócrates estaba condenado a morir. En cuando se ocultara el sol debería beber el veneno de cicuta que le tenían preparado como condena. Así que ahí que van sus amigos para hacerle compañía en sus últimos momento (tal y como habían estado haciendo durante todo el tiempo que estuvo en prisión).
Les sorprende que ellos estén más afligidos que el condenado a morir, que parece que espera el momento con gozo. Y es que, como dice Sócrates, los filósofos se preparan toda la vida para ello. Se pasan la vida intentando desligarse de asuntos terrenales y en el único momento en el que creen que se puede conseguri por completo es cuando se muere. Mientras tanto, cualquier percepción depende de los sentidos.
Y, además, está convencido de la inmortalidad del alma. Lo prueba de cuatro maneras:
  • La prueba de los contrarios
  • La prueba de la reminiscencia
  • La prueba de la simplicidad
  • La prueba del principio vital
La segunda es a la que hacía referencia unos párrafos atrás, cuando sentencia que el conocimiento no es aprendizaje, sino recuerdo (y en algún lugar deberán estar dichos conocuimientos, ¿no?). En cuanto a las otras tres, me mola la del principio vital. Pero casi mejor que os remito a alguna página de expertos pa que lo expliquen, que lo harán mejor que yo.

III. El Banquete, o del amor

En esta se disponen a explicar qué es el Amor. Cada uno con su concepción del mismo. Se dice de todo: que es un dios, que no es un dios, que es bello, que no es bello ni feo, que es bueno, que no es bueno ni malo, que es infinito, que no es finito ni infinito, y asín...

"El amor, pues, está en todas partes; funesto y perverso cuando los elementos opuestos rehúsan unirse y existe el predominio de uno de ellos, que los hace sustraerse a la armonía; bueno y saludable cuando esta armonía se produce y mantiene"

Para, al final, desembocar en las siguientes conclusiones (entre otras):
El amor se manifiesta en el deseo de perpetuarse (física/espiritualmente). También se le considera como el deseo de mejorar, de alcanzar placer y la felicidad; es decir, poseer el bien.
El deseo viene motivado por la ausencia de algo, y lo que se quiere es tenerlo, de ahí la idea de "poseer" el bien.
El siguiente párrafo representa bastante bien la visión de Sócrates sobre el asunto en cuestión.

"El amor, como dije antes, no es bello ni feo por sí mismo. Es bello si se ama obedeciendo a las leyes de la honorabilidad, y feo si se ama faltando a ellas; porque no es honrado conceder sus favores a un hombre vicioso y por malos motivos, y es honorable rendirse por buenas causas al amor de un hombre que practica la virtud. Llamo hombre virtuoso al amante popular que ama al cuerpo con preferencia al alma, porque su amor no podrá ser duradero, pues que ama una cosa que no dura. Cuando la flor de la belleza que él ama se marchite, le veréis desaparecer sin acordarse de sus palabras ni de ninguna de sus promesas. Pero el amante de un alma bella permanece fiel toda la vida porque ama lo que es duradero. Por esto quiere la costumbre que antes de obligarnos examinemos bien; que nos entreguemos a unos y huyamos de otros; la costumbre anima a unirse a aquéllos y a evitar a éstos, porque discierne y juzga de qué especie es el que ama lo mismo que el que es amado."


En fin, que he cumplido con uno de mis eternos autores pendientes. Y ha merecido la pena, claro.

Ahora estoy con Montaigne, así que estoy de un moralista que lo flipáis.
Saluditos!

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"Soy de los que gustan de que se los refute cuando no dicen la verdad y de refutar a los otros cuando se apartan de ella, complaciéndome tanto en refutar como en ser refutado. Considero, en efecto, que es un bien mucho mayor el ser refutado, porque es más ventajoso verse libre del mayor de los males que librar a otro de él. No conozco, además, que exista mayor mal para un hombre que el de tener ideas falsas en la materia que tratamos."



"Donde no median relaciones no puede existir la verdad"



"Quienquiera que espere a vivir feliz no tendrá más remedio, me parece, que buscar y ejercer la templanza y huir de la vida licenciosa tan lejos y rápidamente como pueda"



"La sabiduría es la única moneda de buena ley por la cual hay que cambiar todas las otras. Con ella se compra todo y se tiene todo, fortaleza, templanza, justicia; en una palabra, la virtud no es verdadera más que unida a la sabiduría, independientemente de las voluptuosidades, tristezas, temores y todas las demás pasiones; tanto, que todas las demás virtudes sin la sabiduría y de las cuales se hace un cambio continuo, no son más que sombras de virtud, una virtud esclava del vicio, que no tiene nada verdadero ni sano."