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martes, 6 de julio de 2010

Días de menta y canela / Carmen Santos



Este libro me lo enviaron para que lo comentase. Lo prometido es deuda, asín que manos a la obra. Lo primero, la ilusión que le hace a una aquello de que le envíen libros por la pati, y encima con la finalidad de que lo comente en el blog. Como si mi opinión tuviera relevancia. Respondí que por supuesto, que estaría encantada. Valentía donde las haya la de la autora, que recibí el libro a los pocos días.
Como le comenté, andaba con una pila de pendientes bastante interesante, así que se ha hecho esperar hasta hoy. Eso sí, me lo he terminado hace nada. El problema es que tuve un descuido.
Un fin de semana bajando a Ciudad Real, para visitar a una amiga, en tren, me dejé el libro en el asiento con el billete de vuelta dentro (por suerte era electrónico y bastó con volverlo a imprimir). A los pocos minutos de bajar en la estación me di cuenta de que me lo había dejado en la redecilla del asiento de delante. JO-DER. Se te va la olla, tía. Fui a los mostradores de Renfe, me mandaron a la mesa de Atención al cliente, y el señor se estuvo esforzando, pero nada. En la otra estación no cogían el teléfono y se comprometió a buscarlo. Me dijo que me pasara por ahí el domingo a preguntarle, que estaría. Estuvo. Él. Pero ni rastro del libro. Y dudo mucho que se lo quedara la piva que venía en el asiento de al lado leyéndose la Vale.
Así que entre pitos y flautas, entre que te vas leyendo otros, que vas a comprarlo y tal.. no lo he leído completo hasta hace poco.
Al tajo.

Va de una señora que se reincopora al mundo laboral después de muchos años. Trabaja en la redacción de un periódico, a pesar de que a su marido no le hace mucha gracia que haya vuelto a trabajar. Nuestra prota, sin embargo, se encuentra con ganas de hacerse valer en el mundo del periodismo (a pesar de que su función es más bien de auxiliar administrativo). Un día se encuentra con un reportaje de un periódico alemán que relata un suceso de la ciudad de Dussendorf. Encuentran el cadáver de un anciano, emigrante español, solo, en un sillón orejero y que sujeta en el regazo una biblia abierta con ciertos párrafos subrayados junto a tres recortes de periódico. A nuestra protagonista le inspira mucha lástima la situación en la que se encuentra el cadáver, a la vez que le intriga qué importancia tendrán esos recortes/fragmentos.
La causa de esa implicación en la noticia es que sus padres también emigraron con ella, (que ya había nacido, a diferencia de su hermana, que nació cartofen).
Total, que se pone a investigar... y da con el hijo del señor: vive en Zaragoza y lleva cuarenta años sin saber de su padre. Consigue que él mismo le ofrezca que vayan a Alemania a investigarlo, y también que le den permiso en el periódico.Una crack, va a ser su primer reportaje. Y en compañía del hijo del anciano muerto. A partir de ahí, se desarrolla la historia y se halla lo inevitable.

Me gusta la emoción con la que se relatan algunos capítulos (ese Eurovisión visto por emigrantes, cuando ganó Massiel; o el primer viaje hacia Alemania en tren con su madre, momento en el que perdí la novela en el tren hacia Ciudad Real), la realidad del rol actual de madre-trabajadora-amadecasa, el viaje, el seguir las pesquisas... aunque dudo que esto sea el núcleo de la novela, porque se intuye el secreto.
Y lo que no me ha gustado nada ha sido el rollo que se trae con "el diablo de ojos verdes", me parece demasiado repetitivo el tema del sentimiento adolescente, el temblor de piernas y los calores, del mismo modo que los revolcones. No me va. O no de esta forma.

Ha sido toda una experiencia.
Saludos!

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"En la habitación se habían colado las tinieblas sicarias de la realidad, No debía permitir que irrumpiera así la tristeza. Era nuestar última noche. Teníamos derecho a ser felices mientras durara".

lunes, 5 de julio de 2010

Corazón Mestizo / Pedro Juan Gutiérrez


Este tío cada vez me mola más.
He aquí lo que parece ser la guía de viaje por la Cuba profunda.

Escrito en 2006, Pedro Juan relata algunos de sus viajes a lo largo de la isla, a veces sólo, a veces acompañado de un colega mucho más joven que él y al que le deja, esta vez, el papel de desparramao. Ahora ya está mayor pa esos trotes tan seguidos, de vez en cuando sí, pero por norma, no. Y eso sorprende.
Las historias sin alter ego ni nada, puro Pedro Juan escritor. Por ejemplo, cuando cuenta cómo se encontró con unos viejos conocidos que se dedicaban a vender libros, tenían algunas ediciones de libros suyos para vender, sobretodo a los turistas. Así que les echó un cable, accediendo a su petición, firmando los ejemplares. Ya aprendimos en Enfermos del libro:breviaro personal, que la firma del autor revaloriza el libro.
Como en alguna otra entrada creo haber contado, el éxito de Pedro Juan surgió aquí, en España, que es donde le editaron por primera vez. Así que el tío ha debido de estar bastante tiempo aquí y controla el cotarro. Menciona las putas de Montera. Tronco. IN-TER-NA-CIO-NAL.
"Cuba es La Habana y el resto es paisaje. Supongo que esa frase la inventaron los habaneros, que son los más pícaros, negociantes y desconfiados. En provincias, la gente es más tranquila. El habanero es muy inquieto y competitivo.
Creo que eso mismo sucede en todas partes. En México los llaman chilangos a los de Ciudad de México, de un modo despreciativo. En España, los madrileños tienen fama de creerse los más más más. Y las mujeres madrileñas son tan duras como las de Centro Habana. Desconfiadas. Cínicas.
Y así. El habanero vive con mucha más tensión y prisa. Más rápido. en el interior del país todo es lento."
Lo mejor de todo es que sabes que todo lo que te cuenta es de primera mano, y te enteras de forma muy de tú-a-tú lo que consiste vivir ahí.
"Cerca de Batabanó, a tres kilómetros, está el pueblo de Surgidero de Batamanó. Allí hay un pequeño puerto pesquero y un combinado industrial de envasado y procedimiento de langostas y pescados. Buena parte de la langosta de contrabando que se come en La Habana sale de allí. La policía persigue a quienes negocian con langostas, camarones y bonitos. Todos son productos de exportación y está prohibido pescarlos y comercializarlos a modo individual. El Gobierno tiene la exclusividad. Cuando empezaron este tipo de empresas -en toda la economía, no sólo en la pesca- se decía que 'son propiedad del pueblo' y que 'trabajan para el pueblo y no para los explotadores'. Esto sucedió en los años sesenta."
Hay una parte en la que le da por preguntarse qué quiere que se haga con su cuerpo cuando muera:
"He dedicado un par de días a investigar sobre mi incineración. Quiero decir, sobre la incineración de mi cadáver. Me parece abominable, además es asqueroso, que entierren mi cuerpo en una bóveda para que se pudra. Creo que el fuego es lo único aceptable. En el fondo, me interesa mucho más el destino de mi espíritu. Pero eso es harina de otro costal."
El tío se pone a llamar a los cementerios más relevantes para preguntar sobre el tema y básicamente en todos lados le dicen que no se incineran cuerpos, sólo huesos, que primero pal hoyo y ya a los dos años, si acaso, se incinera.
"un amigo me cuenta que no lo hacen porque necesitan 600 galones de combustible diésel. Es mucho gasto. Otros me hacen historias truculentas de un sueco que no cabía completo en el horno. Otro me dice de una señora que al fin no la pudieron incinerar totalmente y tuvieron que enterrarla de todos modos. Otro más me dice de una famosa escritora que pidió que la quemaran y depositaran sus cenizas en algún valle donde se inspiró para alguno de ss libros. Sólo fue posible gracias a la intervención expresa de un personaje de alturas."
Pa flipar.


Conforme se van desplazando a lo largo y ancho de la isla, además de la descripción de la flora, la fauna, la gente y sus hábitos, también cuenta la historia de cada lugar. Pero no se queda en la historia contemporánea, sino que llega bastante atrás en el tiempo.
"-como curiosidad- en ese catálogo de viajeros a las Indias [Catálogo de Pasajeros a Indias de la Casa de la Contratación de Sevilla], están asentadas también las cinco primeras prostitutas que viajaron a América, traídas por el mismísimo Cristóbal Colón. Aparecen con sus nombres y apellidos. Prostitutas, curas ambiciosos, soldados, delincuentes recién salidos de las cárceles, campesinos analfabetos, africanos traídos a la fuerza y encadenados. Tenemos orígenes volcánicos. Una amalgama poco envidiable, pero con sabor a aventuras de locos ambiciosos. No nacimos de ángeles y santos, sino más bien de demonios sulfurosos."
Y al loro con esto de las inscripciones:
"En las cuevas de Rodas -ubicada en la finca El Tanteo- las inscripciones halladas corresponden a dos sistemas de escrituras usadas por los celtas íberos y los feinicios del sur de España y Portugal."
Ahí la llevas, genovés. Que los gaditanos llegaron muuucho antes, pisha. jajajaja.

Los personajes y las anécdotas son muchas, como en todos los viajes, supongo. Os presento a mi personaje preferido de los que se cruzan a lo largo de la historia.
"Nos metimos por un barrio de casuchas atroces y al fin llegamos a su vieja casa de madera, pintada de blanco. Debe de ser de 1920 más o menos. Hace años que no se construye así. El reino de su mujer, la Maga. Es una negra grande, saludable y sonriente, avispada y despierta. Con pechos voluminosos. Su verdadero nombre es Maritza, pero en su juventud la empezaron a llamar la Maga, en recuerdo de aquel personaje de Rayuela, de Cortázar. Ella es una cronopia natural. Estudió literatura hispanoamericana, fue profesora durante muchos años y ahora me recibe sudando copiosamente y riéndose, como siempre."
Pues eso, sudor, ron, pescado fresco, santería, jerga, viejos amigos y reencuentros... en un popurrí.

Y, por supuesto, lo que no podía faltar: ese espíritu atormentado que todavía hoy, a pesar de tomarse la vida con mucha más calma (o con menos vitalidad, véase el vaso medio lleno o medio vacío) le brota de vez en cuando.

En resumidas cuentas, me ha flipado. Y me ha dejado con unas ganas enormes de pillar este libro y utilizarlo a modo de Lonely Planet. ¿Alguno se apunta de excursión?

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"Él estaba encabronado. Y ya hay que hacer otras cosas para tranquilizarlo y que siga conmigo. Ná, los espíritus se ponen celoso o les da rabia que uno no los atienda. Son igual que nosotros. Tienen su fuerza y su poder y ayudan, pero hay que tenerlos contentos. Hay que complacerlos, dedicarles tiempo, compartir con ellos."





"Son las dos de la mañana. Por la acera alguien pasa corriendo, como una exhalación. Pero nadie lo perseguía.
-¿Y eso?
-Algún mirahuecos. Este pueblo está lleno de pajeros, alcohólicos y maricones trapichaos. Lo sorprendieron y salió corriendo como alma que lleva el diablo."




"Este hombre estropajoso me recuerda algo que yo hacía con frecuencia cuando era niño: cerraba fuertemente los ojos y todo se volvía negro. Yo creía que de ese modo me hacía invisible y nadie podía verme. Yo era un niño metafísico. Y me gustaba. Perderme. Que no me vieran. Que no supieran nada de mí. Desparacer en vida. Creo que todavía hoy sigo deseando ser invisible. El problema es que ahora ya sé demasiado. Existo. Es un hecho. Y tengo que asumirlo. No queda más remedio que seguir siendo un hombre visible, sólido, pesado, de carne y hueso."





"No se puede dejar nada a la memoria. El ser humano tiene una gran capacidad para olvidar. En algún lugar yo había escuchado eso. Y no pienso así. Todo lo contrario. No olvidamos. Tratamos de no cometer los mismos errores. Uno olvida lo desagradable y después se concentra en mejorar de todos modos, pero no a partir de la memoria, sino del aumento de la libertad. De ser menos inocentes. La inocencia nos hunde en el fracaso."






"El hombre siempre busca explcaciones creíbles a su complejidad más profunda. A veces, abrumado por las circunstancias he renunciado a la búsqueda. No he querido comprender más. Y he atravesado largos períodos de embrutecimiento. Ron, sexo, humo, locura, desenfreno, irracionalidad, alejamiento y distancia. Cuando no puedo más, doy la espalda a todo y me alejo. Dejo que el mar me arrastre al abismo. No sé por qué el azar nunca me ha arrastrado a las nubes. Siempre ha sido al averno, con el aire sulfuroso. Después de largos períodos de recuperación y tormenta. Quizás por eso me fascinan las vidas de los grandes desesperados; Lázaro, Buda, san Francisco de Asís."






"Todos tenemos miedos y fobias. Más o menos ocultos. Debemos organizar nuestro pequeño inventario. Y guardarlo. Acariciar esos miedos. Mimarlos. Nada de rechazarlos o de hacer como si no existieran e ignorarlos. No. Todo lo contrario. Amarlos, acariciarlos. De ese modo, poco a poco de disuelven dentro de nosotros. Igual que aceptamos nuestras luces y sombras. Nuestro lado angelical y el lado diabólico. Nuestra parte de macho y el pedazo de hembra. Niños y adultos. De ese modo hay que aceptar que somos valientes y miedosos. Al mismo tiempo. Y así fluimos."