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domingo, 16 de mayo de 2010

Espera a la primavera, Bandini / John Fante



John Fante. Segunda aparición del autor en este blog.
La primera vez irrumpió con "Camino de Los Ángeles" que es la tercera parte de la saga protagonizada por Arturo Bandini, alter ego del propio Fante.
No voy a repetir todo el rollo del autor: la publicidad de Bukowski y el éxito postmortem. En la otra entrada le dí un buen repaso.

El otro día realicé una compra compulsiva de libros. Entré en una librería atraída por uno de los libros del escaparate: "Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques", de Jack Kerouac y Willaim S. Burroughs. Entre los miles de libros me encontré de frente con uno de Rubem Fonseca, en español. Sigo buscándolo en portugués y ahí tampoco tenían. Con el corazón partío seguí dando vueltas y empezaron a atacarme los autores de desparrame, que son como los denomino. Acabaron pasando por caja Kerouac y Burroughs, John Fante y Pedro Juan Gutiérrez. Que me estoy volviendo demasiado cultureta con los clásicos y tengo que volver a mis orígenes. Que no se diga, oiga, que Katrina deja de lado la literatura desparramada.

He empezado con Fante. Mi memoria de pez no recordaba, ni por asomo, que "Camino de Los Ángeles" era parte de una saga. Y mucho menos era consciente de haber tenido, esta vez, el acierto de comprar el primero de la misma. Como siempre antes de hacer una reseña googleo un poco (RAE: verbo googlear, admitido, ya!!). Resulta que hay una peli de Espera a la primavera, Bandini. Será un dramón que te cagas, pero me ha hecho gracia el ver que actúa Faye Dunaway que también protagonizó la película Barfly junto a Mickey Rourke en el papel de Hank. No sé si recordaréis Hollywood de Bukowski, la novela en la que narra el rodaje de Barfly de cuyo guión era autor. Acabo de percatarme de que tengo esa entrada a medias, flipo. Esa peli me fli-pa. Y la Faye anexando, una vez más, a Buk y a Fante.


Ya os he adelantado lo del drama familiar. Una madre devotísima, un padre permanentemente en paro y acumulando facturas, y dos hermanos pequeños. El prota ya apunta maneras de lo que será en un futuro... un pedante engreído con aires de superioridad. La verdad, al releer la reseña de Camino a Los Ángeles me ha recordado cómo era el personaje, y me estoy dando cuenta de que me cae FATAL. Aunque con esa madre, no me extraña que acabara así. Lo más soso que hay y, además, resulta ser una loca que te cagas. De las que en las peleas van con las uñas por delante y hacia los ojos. Ese tipo de mujeres me asquean. Si te pones femenina suéltale una patada en los huevos, no vayas con las uñas como una gata. Las leonas dan zarpazos, es decir, ostiazas a mano abierta pero que sin querer arañan con las zarpas. Pero eso de casi sacarle los ojos a otro... por ahí no paso. Y menos aún si te pasas el puto día rezando el rosario.

Y el padre... bueno, no nos lo pinta mal. Algo así como una víctima de las circunstancias, el hijo no le echa en cara el no conseguir un trabajo... Papá todo lo hace bien. Papá es hombre. Mamá es fregona.

Ese es el rollo del libro. Es decir, que el libro es un rollo..... que te cagas. Podéis vivir sin él. Gastad vuestro tiempo en otro libro, por favor.



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"Llevaban casados quince años, y él tenía lengua, sabía moverla, y con frecuencia hablaba de cuanto se le ocurría, pero muy pocas veces le había dicho te quiero. Ella era su mujer, y hablaba en contadísimas ocasiones, pero a él le aburría que sólo supiera decir te quiero."





"La casa perdió entonces su identidad. Una teja suelta susurraba sarcasmos al viento; los cables de la luz rozaban el soportal trasero, produciendo murmullos despectivos. El mundo de los seres inanimados cobraba voz, charlaba con la casa vieja y la casa parloteaba con deleite confabulado acerca de la insatisfacción que reinaba dentro de sus paredes. Los tablones que había bajo sus pies chillaban de placer infeliz."





"Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa!
El universo misterioso le rodeó por los cuatro costados, se sintió solo en la vía del tren, echó a correr hacia las calles donde pasearan hombres y mujeres, donde no hubiera tanta soledad, y mientras corría le pasó por la cabeza la idea, semejante a un haz de puñales, de que se trataba de un aviso de Dios, de que aquélla era Su forma de decirle que Dios estaba al tanto de su delito: él, el ladrón, el desvalijador del camafeo de su madre, el infractor del decálogo entero. Ladrón, ladrón, proscrito por Dios, criatura infernal que ostentaba una marca negra en el libro del alma. "