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miércoles, 5 de mayo de 2010

Celda 211 / Francisco Pérez Gandul



Sí.
He cometido uno de los peores errores que se pueden cometer al leerse un libro, esto es: haberse visto antes la peli. Supongo que más de uno habrá visto la película (PELICULÓN) que se ha llevado una ristra de premios Goya esta última edición.
Para los que no la hayan visto, a lo mejor esta entrada está bien y les pica la curiosidad. Claro que sí, cómprenlo o tómenlo prestado. Para los que hayan visto la peli… creo que tengo que recomendarles que se esperen a la próxima actualización, porque por aquí poquito les va a sorprender. Y eso, amigos, es un bajón que te cagas. Cierto es que el final difiere de uno a otro... pero no sorprende.
Hablando de cárceles, antes de que abandonen la lectura aquellos que hayan visto la película, tengo que decir que he visto un par de series y, no, ninguna de las dos es Prison Break. Se puso tan jodidamente pesada la gente que decidí no verla. No,no. Son OZ y Tumberos. No puedo hacer otra cosa que recomendarlas. Bastante jartas las dos, pero la segunda en particular. La primera (OZ) está hecha de puta madre. Cada capítulo tiene una temática y uno de los presos es quien va narrando la historia y relacionando la temática del capítulo con los acontecimientos que se suceden en la serie. Vean, véanlas si les atrae ese tipo de pelis violentas con peleas de bandas y trapicheos.


Y en cuanto a lo que nos ocupa:
El autor. NPI. Que es periodista y tal pero mucho más, así a primera vista, no he encontrado. Recomiendo, eso sí, una entrevista que hay por la red en la que el autor de la novela va comparando la peli con su libro. Vamos, que con leer la entrevista también os podéis ahorrar este post. Aquí la tenéis.

La novela en sí. Predomina la jerga, el lenguaje al uso. Barriobajero, niño. Como protagonistas destacan Juan Oliver y Malamadre, funcionario de prisiones y preso respectivamente. La historia comienza cuando Juan decide adelantar un día su incorporación al nuevo trabajo para ir conociendo a los compañeros y la prisión en la que va a currar. Vamos, que no se lo cree ni dios. Quitarte un día de libertad así, sin más, por iniciativa propia. YA. Sobretodo pa ESE curro. Total, que según le están enseñando la cárcel, al pive le da un vahído y, a la vez, se monta el motín. Marica el último, que se suele decir. Y ahí que sus futuros compañeros dejan a Juan en una celda mientras ellos salen por patas.
Claro, cuando el chaval se espabila empieza a flipar en colores con la que hay liada, y decide deshacerse de cualquier indicio que haga sospechar al resto de que pueda ser un funcionario, el enemigo, haciéndose pasar por preso. Ahí empiezan las presentaciones, es llevado ante Malamadre (oh, jefe supremo) pa que le vacile un rato, le dé el visto bueno y, de paso, le bautice. "Calzones", a partir de ahora.
Los presos tienen “secuestrados” a tres etarras que están en esa cárcel y negocian con ellos como moneda de cambio para exigir que sus reivindicaciones sean tomadas en cuenta. Y claro, los señores corbateros van a evitar todo lo posible porque alguno de los etarras resulte dañado.
Juan, jugando a dos bandas, llegará un punto en el que tenga que posicionarse. Los hechos que ocurren en el exterior de la cárcel resultan determinantes para ello.

La forma de expresarse los personajes (todo está escrito en primera persona) depende del que narre en ese momento: Juan, Malamadre o el funcionario de prisiones. Además juega con la cronología y el punto de vista de cada uno de ellos, así que te vas sintiendo atropellada por la trama.

Un thriller que te mantiene alerta. Al parecer fue premiada en 2004 en la Semana Negra de Gijón, un festival de novela negra. Así que para los amantes de dicho género (y que no hayan visto la peli) queda más que recomendada.


Saludos!!!

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"¿Quién será Malamadre? Al que llamen así, no puede haber salido buen hijo. “Una mala madre es ser más miserable que hay; ni el animal más asqueroso de la Creación no quiere a su cría”, solía decir la mía. La echo de menos. Ni siquiera Elena ha llenado ese hueco. Añoro su ternura, esa capacidad que tenía para ver sin necesidad de abrir los ojos, y su fortaleza. De estar aquí ya me habría dicho que he salido a mi padre, que cuando me duele algo parece que a nadie le ha dolido nunca tanto, que me deje de tonterías y de angustias y que afronte la vida como hay que hacerlo, mirándola cara a cara, sin perderle nunca de vista los ojos verdes de la esperanza ni los negros de las desgracias, sin chulearla pero sin convertirme jamás en rehén del destino. ‘Puede ser que todo esté escrito, hijo, pero nadie nos puede obligar a que lo escribamos nosotros mismos’, y miraba a papá con aquellos ojos que rezumaban miel y que cuando se cargaban de razón se fraguaban en ámbar. A Malamadre, seguro, no le habló así nunca la suya.





"Valladares, ya saben, es el psicólogo de la prisión. Dice Germán que lo suyo es digno de elogio, porque no logra rehabilitar a los internos, pero terminan estando orgullosos de sí mismos. 'Encima, autoestima, es lo que les faltaba a estos cabrones', solía decir."





“qué descojone, y nos reímos, seguro que la pasma se reía también pensando en la 191, pero quiá, ya le habíamos dao el cambiazo, bolita por aquí, bolita por allí, y cuando te señalaban el cubilete, na, la bolita de papel de plata debajo de la uña, así le trinqué a dos japoneses veinte mil duros un día, Tachuela, qué gilipollas, pero estuvo bien pensá la cosa, ¿verdá?”







“dice el Costra, este tío está echando más sangre que un cerdo en la matanza, Malamadre, pues déjalo que se desangre, dice el joputa del Pincho, y yo, pues nadie se ha muerto por echar un poco de sangre por la nariz, coño, que se joa el cabrón, que se pudo ahorrar la madre haberlo parío, pa sacar ese demonio mejor que le hubieran cosío el chocho al nacer, Juan no lo oía, Juan no oía na, que tú lo dijiste, Tachuela, está pero no está, Malamadre, eso, estaba pero no estaba, la mirá perdía, ¿Eh, Tachuela? De esas que van más allá de donde los ojos ven.”






En la cárcel hay que mirar las manos, pero todas, las del amigo y las del enemigo, aunque sea de reojo, porque es en las manos donde viaja la muerte, rápida como un rayo. Son como magos, no ves nada extraño, y de pronto el frío acero hundiéndose en la carne. Por eso yo miraba las de Malamadre y aunque no veía su pincho sabía que estaba cerca de él, muy cerca, que Malamadre también era mago. Nada por aquí, nada por allá, y… ¡zas! No saldría una paloma del pañuelo, sino un buitre con las entrañas en el pico.

4 comentarios:

Redwine dijo...

La película es muy buena, y Tosar, que me encanta, lo borda... Pero es de estas pelis que fui a ver con tantas expectativas que al final me defraudó un poquillo, sobre todo partes que suceden fuera de la cárcel las veo demasiado forzadas... no me extiendo para no *oderle la peli a nadie.

Ah, la Semana Negra de Gijón... es la mejor fiesta que conozco: libros, cómics, música en directo y mucha sidra, ¿se puede pedir más?

Mortimer Supuesto dijo...

Pocas pelis han mejorado los libros pero algunas han habido, al menos, para mí: Mystic River, Memorias de África, El nombre de la rosa, Canción de Navidad... Bueno, es verdad, muchas pelis superaron el libro.
Yo creo que lo mejor es: O libro o peli. O no tener memoria como yo, que tengo el cerebro calcificado de tanto beber agua del grifo.
Un saludo, Katrina.

C. Chase dijo...

El último libro que he leído ha sido precisamente de Millás, El mundo. Me pareció genial. El problema que tengo ahora es que no sé si el resto de su obra va a ser tan buena. Porque ésa es como su metanovela.

David dijo...

Hola!

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