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jueves, 3 de septiembre de 2009

Pequeños poemas en prosa / Charles Baudelaire


Un poquito de Baudelaire.
Conforme al título se sobreentiende que no son poemas como tal, así que tengo un poquito (un poquito sólo) de perdón por leerlo traducido. En cuanto al libro, lo compré en la librería esa de segunda mano de la que ya he hablado anteriormente. Contenía en su interior una invitación de cumpleaños de alguien que, presupongo, tiene que tener bastante dinero, un tal José Manuel. Cumplía 60 años. La invitación tiene en la parte exterior un señor vestido de torero en cuya mano derecha sostiene el capote con el número 60 en medio y en la mano izqueirda una llave inglesa. ¿Sería fontanero?
Pero lo mejor viene dentro. En perfecto castellano se nos invia el 13 de Noviembre de 1999 a la "pequeña fiesta" que tendrán en "Hällam", Idenor, Suecia y pide contestación con suficiente antelación "para poder organizar acomodación y transporte". LA OSTIA. No conozco a nadie que celebre su cumpleaños a tantos kilómetros de distancia, joder. Tenía que estar forrao, y además ser generoso. Espero que le vaya de lujo a José Manuel. Ayer cumplió 70.


Y vamos con Baudelaire...

Lo único que había leído hasta el momento eran Las flores del mal (¿y quién no?).
De temática tenemospara dar y tomar, con el denominador común del apego fiel a la realidad sin adornos ni edulcorantes que valgan.
“¡Déjame, naturaleza, hechicera despiadada, rival siempre victoriosa! ¡Deja de tentar mis deseos y mi orgullo! El estudio de lo bello es un duelo en el que el artista grita de espanto antes de ser vencido.”

La obra en sí viene precedida de una "Lecturaética de Poemas en Prosa" a cargo de un tal Enrique López Castellón. Como creo que ya he dicho en alguna ocasión, me molan estos prólogos, se aprende mucho de la vida yobra de los autores si tener que leerse su obra completa ni ser un experto en la literatura universal y sus diferentes corrientes. Lo malo es cuando se trata de una novela, que a veces si no te das cuenta y te pones a devorar líneas como un loco, resultaque te chafan el final de la historia, o más bien la historia completa al estar tan desmenuzada para su análisis.

Del prólogo extraigo un fragmento en el que Baudelaire expone el por qué de su negativa a aparecerer una obra colectiva sobre el Bosque de Fontainebleu que le ofrecieron:
“Querido Desnoyers, me pides unos versos sobre la Naturaleza, ¿verdad? Bosques, castaños gigantescos, prados, insectos, incluso el sol, ¿no? Lo siento, pero ya sabes que soy incapaz de enternecerme ante los vegetales y mi alma se revela ante esa nueva religión que siempre tendrá algo de shocking para alguien realmente espiritual, me temo. Nunca creeré que el alma de los Dioses habite en las plantas, y aunque allí habitara, me importaría más bien poco, pasando a considerar la mía mucho más preciosa que la de esas hortalizas sacralizadas (jajaja, este tipo era un cachondo)
De aquí se deduce que Baudelaire no era, precisamente, lo que se dice un naturalista. Lo que no quiere decir que deteste la naturaleza, puesto que se trata deun objeto contemplativo para él, como todo aquello que estaba presente a su alrededor:
¡Qué penetrantes son los atardeceres de otoño! Penetrantes, ¡ay!, hasta causan dolor. Pues hay ciertas sensaciones dolorosas cuyo carácter vago no excluye la intensidad; y no existe punta más afilada que la del infinito.”

Esa forma de vida contemplativa de los filósofos clásicos está presente en Baudelaire, para elq ue tanto el recogimiento
“’Casi todas nuestras desgracias se deben a no haber sabido quedarnos en nuestra habitación’, dice otro sabio, creo que Pascal, llamando así a la celda del recogimiento a todos esos locos que buscan la felicidad en medio del barullo y en una prostitución que podría llamar fraternitaria*, si quisiera hablar el bonito lenguaje de mi época.”

*Neologismo de la época, derivado del sustantivo fraternité, uno de los lemas de la revolución francesa, queriendo traducir el sentimiento de hermandad que debía reinar entre individuos libres e iguales. Algunos socialistas utópicos utilizaron el término, para diferenciar lingüística este sentimiento del fraternet , propio de los hermanos de sangre.


como la soledad no son sino virtudes para aquellos que lo practiquen:
El paseante solitario y pensativo obtiene una singular embriaguez de esta comunión universal. Quien se desposa fácilmente con la multitud conoce unos goces febriles, de los que se verá eternamente privado el egoísta, cerrado como un cofre, y el perezoso, recluido como un molusco. Adopta como propias todas las profesiones, todas las alegrías y todas las miserias que le ofrecen las circunstancias del momento. Lo que los hombres llaman amor es algo muy pequeño, muy estrecho y muy débil, en comparación con esta inefable orgía, con esta santa producción del alma que se entrega por entero, poesía y caridad, al imprevisto que se presenta, al desconocido que pasa.”


En pocas palabras:
“Multitud, soledad: términos iguales e intercambiables para el poeta activo y fecundo. Quien no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo en medio de una atareada multitud.”


Y aunque la imagen que se pueda tener de él es de un tipo harapiento tirado en alguna habitación cochambrosa dándole al vino y al láudano,
“En este mundo estrecho, aunque tan lleno de hastío, sólo me sonríe un objeto conocido: la botellita de láudano; una amante antigua y terrible; como todas las amantes, ¡ay!, fecunda en caricias y traiciones.”

como un cínico aspirando a la vida de perros que aspiró Diógenes,
“¡Que se mueran todos esos parásitos tan pesados!
¡Que se vuelvan a su caseta acolchada con sedas! ¡Yo canto al perro manchado de barro, al perro pobre, al perro sin hogar, al perro vagabundo, al perro que hace títeres, al perro cuyo instinto, como el del mendigo, el del gitano y el del cómico de la legua, está maravillosamente aguijoneado por la necesidad, esa madre tan buena, esa auténtica patrona de las inteligencias!
Canto a los perros desdichados: a los que andan errantes y solitarios por las calles sinuosas de las ciudades inmensas, y a los que han dicho al hombre marginado guiñándole inteligentemente un ojo:
¡Llévame contigo, y puede que uniendo nuestras miserias consigamos una cierta felicidad!




no es sólo eso. Mantiene la fe en la oración y es consciente de la bondad y maldad humanas
“Le habría perdonado fácilmente el deseo de disfrutar haciendo una mala acción; algo de lo que momentos antes creía capaz(...). Pero no le perdonaré nunca su cálculo estúpido. No hay excusa alguna para ser malvado, pero tiene cierto mérito saber que uno lo es; el vicio más imperdonable es hacer el mal por pura imbecilidad.”

La mujer: venerada y despreciada por partes iguales. Es como si admirara a la mujer como ente individual pero la odiara como grupo, sería lo más cercano al animal dentro del ser humano.
“¡Si supieras todo lo que veo, todo lo que siento, todo lo que oigo en tus cabellos! Mi alma viaja con el perfume como el alma de otros lo hace con la música.”
Versus
“Por muy poeta que sea, no soy tan tonto como crees, y si me cansas con demasiada frecuencia con tus afectados lloriqueos, te trataré como a una mujer salvaje, o te tiraré por la ventana como una botella vacía.”


Y por supuesto, la relevancia del tiempo. Desde el que se controla mirando la esfera del reloj
Y si algún impertinente viniera a molestarme mientras mi vista descansa en esa deliciosa esfera, si genio descortés e intolerante, algún demonio inoportuno se acercara a decirme: ‘¿Qué estás mirando con tanta atención? ¿Qué buscas en los ojos de ese ser? ¿Estás mirando ahí la hora, pródigo y holgazán mortal?’ Contestaría sin vacilar: ‘Sí, estoy mirando la hora, ¡y es la eternidad!
hasta el que delimita el juego que mantienen el sol y la luna, día sí y noche también:
¡Oh noche, oh tinieblas! Para mí sois la señal que llama a una fiesta interior, sois la liberación de una angustia. En la soledad de los llanos o en los laberintos de piedra de una capital, vosotros, el titular de las estrellas o la explosión de los faroles, sois los fuegos artificiales de la diosa Libertad.”


En fin, que tengo que recomendar estos escritos a aquel que quiera acercarse un poquito más al autor de Las flores del mal. Quizás le ocurra lo que a mí, que comulgue con prácticamente el 98% de lo transmitido por este maldito escritor. O escritor maldito. Que cada uno decida.


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“Si quieres, si quieres, te haré dueño de las almas... y dominarás la materia viviente, más aún que el escultor de arcilla; conocerás el placer, cada vez mayor, de salir de ti para olvidarte en otro, y de atraer a las demás almas hasta confundirlas con la tuya.”







“Dice la letra de una canción que el placer hace a las almas buenas y ablanda los corazones. (...) Había dirigido mis ojos a los tuyos, amor mío, para leer en ellos mi pensamiento; me había sumergido en tus ojos tan bellos y tan extrañamente dulces, en tus ojos verdes, habitados por el capricho e inspirados por la luna, cuando me dijiste: ‘¡No soporto a esa gente con los ojos abiertos como platos! ¿No puedes decirle al encargado del café que los eche de allí?’
¡Hasta qué extremo es difícil entenderse, ángel mío! ¡Hasta qué extremo es incomunicable el pensamiento, incluso entre aquellos que se aman!”

lunes, 31 de agosto de 2009

El Bandido / Robert Walser


Joder con el Walser. Es el atormentado sin tormentos.
Es la segunda novela de Walser que me leo y estoy segura de que no será la última. El tipo es de los que tanto sus personajes como la historia son atemporales, las podemos trasladar un siglo atrás o adelante que no desentonan con el contexto.

El estilo de Walser es acojonante. Reflexiones, diálogos o descripciones que va soltando a borbotones, saltando de una imagen a otra e incluso dejándote a medias algunas veces, como si fuera el avance de una historia que nos va a desvelar, y que siempre acaba dejando al lector con la intriga. Es como si lo que va escribiendo estuviera sincronizado con lo que piensa y va asociando ideas a una velocidad de vértigo, sin llegar hasta el final en muchas de ellas, el muy cabrón.

“Vaya arrojo en mis palabras, ¿verdad? El papel lo soporta sin dificultades; que luego lo soporte el lector medio, eso es ya otra cuestión.”


Porque, al jambo este, con el estilo que se gasta, te da la impresión de que le importara una mierda si lo que escribe lo van a leer o no. A pesar de que haya una narrador que presenta al Bandido a un posible lector. Y al final confiesa:
“Y es que existe gente que pretende sacar de los libros enseñanzas para la vida. Por consiguiente debo decir que, muy a mi pesar, no escribo para esta clase tan honorable de gente. ¿Si es una pena? Oh, por supuesto. Eh, tú, el más seco, el más sólido, el más bueno, el más burgués, el más amable y silencioso de los aventureros, que duermas bien entretanto. El muy tonto. Mira que contentarse con una mansarda en lugar de pedir a gritos: ‘Dadme el palacio que estáis obligados a poner a mi disposición’. Es algo que él no acaba de entender.”


Para más inri el narrador no termina de perfilarse como una persona ajena al Bandido, haciendo dudar a ese posible lector si es el propio Bandido el que cuenta la historia y más aún conforme avanza la narración.

Y en cuanto al prota...
El Bandido, pobre hombre, un desgraciado de los que marcan tendencia. Inadaptado donde los haya, pero con una moral propia muy recta, locamente enamorado de una camarera (arriba los clásicos) que pasa bastante de él. En cuanto a lo que digo de la moral, joder, a mí me la hubieran colado si me dicen, "-Y esta cita es del bilbilitano Baltasar Gracián...". Al loro:
Seamos rápidos a la hora de servir, y, cuando se trate de juzgar, lentos como al ordenar y al dirigir. Nunca es suficiente la cautela cuando se dirige. Además, dirigir y comandar son dos cosas bien distintas. Seamos tan prudentes al elogiar como al calumniar.”
Pa fliparlo.

En cuanto a Edith, su camarera, el notas analiza cuidadosamente todo lo que la rodea para poder anticiparse a los acontecimientos y ganarse su amor. Pero es que... telita con las "formas" que tiene con la gente. No apto para protocolos. No apto para hipocresías sociales.
Pero como dice mi madre: siempre hay un roto pa un descosío. Y tenemos a la señora que ve en el Bandido una persona a la que ayudar y en la que intuye un gran coraçao. Otra que se pilla, a su manera, claro. Todo celosa de la Edith.
Y, bueno, ese es el detalle sensacionalista del libro, lo bueno está alrededor.


Y ahora va el peeeeeeeero...
me gustó más Jakob Von Gunten. Este es demasiado loco. De esos libros que si te ves obligada a leer a trompicones (autobús -metro - metro -autobús) a lo largo del día, pierdes el hilo. Supongo que leído de una sentada de horas se disfrutaría más.

Ya, ya sé que he perdido el ritmo.
Duermo. SÍ. SOBO. ME APLASTO. CAIGO. DOBLO EL GORRO. Últimamente me acuesto tarde y aprovecho esos intervalos de tres cuartos de horas y medias horas pora dormir. Se me entrecruzan las líneas, no lo puedo remediar.
Tengo otro transcrito. Intentaré no tardar mucho en hacerle las cuatro líneas de comentarios.

Saludos.
:)

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“Parece que concibe beber vino como Sancho Panza, cuyos padres eran viticultores. En el vino hay como un derecho de superioridad. Cuando bebo vino, entiendo los siglos pasados, me digo que también estaban hechos de cosas contemporáneas y de las ganas de acomodarse a ellas. El vino nos convierte en expertos de los estados del alma. Uno lo aprecia todo y a la vez no aprecia nada. En el vino reluce el tacto. Si eres de lo que éstas quieren. Las relaciones, incluso las más difíciles, que existen entre un hombre y una mujer brotan como flores de una copa de vino. Todas las canciones que se han hecho sobre el vino deberían ser dignas de elogio.”
(Que viva el vino y las mujeres, Manolo Escobar, jajaja)








“El buen comportamiento nos hace buenos no sólo por dentro, sino también por fuera. El amable proceder se graba en los rasgos de nuestra cara como algo que luego es percibido como buen aspecto.”








Cualquiera de nosotros prefiere que le amen sin excesos. Es algo que nos gustaría a todos. A nadie le apetece ser el santo del otro, pues habría de ser una imagen. Ser ideal es terriblemente aburrido.







A quienes conservan su sano juicio les hago el siguiente llamamiento: no leáis siempre y de manera exclusiva esos libros sanos; acercaos un poquito a la llamada literatura enfermiza, de la que tal vez podáis sacar un consuelo vital. La gente sana debería arriesgarse siempre de una u otra manera. ¿Para qué demonios, si no, conservar el sano juicio? ¿Para morir un día saludablemente? Vaya un futuro desolador... Hoy en día sé con más certeza que nunca que en los círculos ilustrados hay mucho filisteísmo, me refiero a una cobardía moral y estética. El recelo, sin embargo, es algo malsano.







“Está claro: no hay inteligencia sin una pizca de maldad. A aquellos que son buenos porque sí, los consideramos necios. Discúlpenme y no se abstengan entretanto de tomarme a mal y para siempre este comentario, pero créanme: nada hay más orgulloso que un maestro de escuela que ya no quiere ser maestro porque se cree predestinado a ser algo mejor.”






Con las maldades se hace uno querer; con la pasión, odiar.”









“Creo en usted, me dijo una vez una mujer, pero me lo tomé como una suerte de caricia, tal vez sincera. La opinión de esa mujer, pues, era que creía en mí, pero qué son las opiniones. Las opiniones pueden cambiar de un día para otro, y la fe obedece a la opinión. Nos equivocamos cuando le decimos a alguien algo así, pues ¿cómo podríamos evaluar las dificultades que le esperan a aquel en quien tenemos fe, dificultades contra las que debe luchar para justificar esa fe? De esta manera, y sólo para que no suframos una decepción, no debería ya tener una hora de tranquilidad. Por nuestra fe, o quizá sólo porque dijimos que teníamos fe en él, está obligado a salir airoso de todas las situaciones –incluso las más difíciles- y a cosechar grandes éxitos, o grandes y continuos fracasos, como aquel al que terminan por crucificar. Le dije a la mujer que se lo agradecía , pero que prefería que tuviera la bondad de dejar de tener fe en mí. ¿Acaso no es tremendamente cómodo tener fe en alguien? Uno se puede dejar arrastrar por la fe sin el menor esfuerzo. Uno puede ser la deshonra en persona y creer firme y piadosamente en cualquier hombre bueno o valeroso.”









“Para poder dormirme de una vez, me esforzaba repetidamente por mantener los ojos bien abiertos. Y, sin darme cuenta, estaba profundamente dormido. Así que, para dormirse, hay que empeñarse en seguir despierto. No se empeñen en dormir. Para poder amar, hay que hacer todo lo posible por no amar. Y entonces, sin uno darse cuenta, estará amando. Para hallar un profundo respeto, hay que mostrarse irrespetuosamente durante cierto tiempo, entonces aparecerá la necesidad de respetar.”