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lunes, 27 de abril de 2009

Los detectives salvajes / Roberto Bolaño



Madre de dios, vaya pedazo libro. Agüita con el Bolaño, de ahora en adelante (por si todavía albergaba alguna duda) Bolaño ha entrado en mi lista de autores destacados. ¡Yeah! Para que se de el caso tengo que haber leído tres o más libros del mismo autor y que todos me hayan sorprendido y/o encandilado. Puede ser por el estilo, por la trama, por el realismo, por la moral (o la ausencia de ella), la estructura, la cotidianidad que desprenda o incluso por el nivel de introspección de los personajes. Si tres obras o más de un mismo autor reúnen la mayoría de esas características adaptadas a mi gustos, la hemos liao. Lectura compulsiva de las obras del susodicho. Y Bolaño... ha conseguido que caiga rendida a sus pies. Definitivamente. [Buah, extremadamente entusiasta, ¿no?]


Venga, voy a poner dos pegas. Algo malo tenía que sacar (hay que compensar el entusiasmo inicial).
Primera: DEMASIADOS PERSONAJES. MI MEMORIA NO DA PARA TANTO. Es decir, para acordarme de quién es caa uno, debería haberme leído el libro en como mucho una semana; y no ha sido el caso. He tenido que preparar otras historias y he ido leyéndomelo despacico. Cuando iba por la mitad, más o menos, me leí El inmoralista, y retomar luego a los personajes ha sido chungo. Porque hay un inconveniente espacio-temporal añadido: los narradores, lugares y fechas van a trompicones. Viene escrito a modo de testimonios.
Segunda: vale, con la segunda entono el mea culpa. Me compré una edición de kiosco, de una serie que ha sacado Anagrama, en plan de coleccionables. 10 pavos. Tapas duras. Calculo que de cartón encolado de 4mm. Porque eso pesa que no es normal. Son 621 páginas. Y encima no viene cosido. Eso sí, letras de buen tamaño, pero joder, veo bien. Vamos, que metido durante casi un mes en el bolso, creo que ahora ando escorada, con un hombro más caído que el otro.

Y ahora, al lío.
Se narra, como comentaba antes, como si fueran testimonios de no se sabe quién, y que cuenta las aventuras y desventuras de un grupo de jóvenes a los que les une la poesía. Aunque como es tan jodidamente grande (literalmente) el libro, pues también aparecen personajes relacionados con éstos chavales y que toman también bastante protagonismo, vamos, que se llevan unas cuantas decenas de páginas. Con mi consiguiente exasperación cada vez que con el narrador se cambia de repente de grupo de chavales, de lugar y de año. En concreto, abarca 20 años. Pa flipar. ¿Quién cojones eran éstos?
Los dos personajes principales son Arturo Belano (que se dice álter ego de Bolaño) y Ulises Lima, dos chorbos que se dedican a pillarse la fumada, vender yerba y escribir poesía. Fundando así el Viscerrealismo. Así se denominaban: Viscerrealistas. Aparte de estos dos, hay muchos más, tanto pives como pivas con el denominador común de ser de los que publican un poema en una gaceta local y se hacen pajas con ella.
"He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así."

Un grupo de chorbos competitivos, arrogantes... ya se sabe, en plena juventud ególatra (ou,yeah) retándose continuamente los unos a los otros a ver quién sabía más de poesía (métrica, autores) y quién se pencaba a más poetisas. Muy simpático el padre de unas hermanas poetisas de esas (Angélica y María Font), el señor Quim. Al manicomio que va.
Total, que se suceden los acontecimientos: Ulises y Belano desaparecen de México y el resto va haciendo sus vidas.

Y ya se empiezan a liar las cosas con los viajes y con los personajes, cada uno en un puto punto del mapa: México, Nicaragua, Estados Unidos, Francia, España, Austria, Israel, África. No puedo contar con los dedos el número de personajes y, háganse a la idea, falta por relatar 20 años más de vida. De ellos y de sus colegas.
Mención especial a la referencia que hace Bolaño a un cuento de Baroja, y una valoración final que hace sobre España. hahaha. Punto para Roberto.
"De pronto, mienstras miraba las estrellas, pensé que todo aquello se parecía sobremanera a un cuento de don Pío Baroja leído en mis años de estudiante de Derecho en la Universidad de Salamanca. El cuento se llama La sima y en él un pastorcillo es tragado por las entrañas de un monte. Un zagal baja, bien atado, en su busca, pero los aullidos del lobo lo disuaden y vuelve a subir sin el niño, a quien no ha visto pero cuyos gemidos de herido son claramente audibles desde el exterior. El cuento termina con una escena de impotencia absoluta, en donde el miedo derrota al amor o al deber e incluso a los vínculos familiares (...) la historia que estaba viviendo era idéntica a la del cuento de Baroja y que España seguía siendo la España de Baroja, es decir, una España en donde las simas no estaban cegadas y en donde los niños seguían siendo imprudentes y cayéndose en ellas y en donde la gente fumaba y se desmayaba de manera y modo un tanto excesivos y en donde la Guardia Civil, cuando se la necesitaba, no aparecía nunca."

Eso sí, a pesar de la cantidad de historias que se cuentan en un mismo libro, todo viene hilado por medio de los dos personajes que aparecen arriba y su búsqueda de Cesárea Tinajero, una poetisa que había desaparecido unos años antes y que a esta gente les tenía obsesionados. Para luego, las mierdas que dibujaba. Ah, que era poesía visual, viscerrealista o algo. Ni guarra.
Seguramente este libro lo disfrutarán cuatrocientasmil veces más que yo aquellos que no anden pez en poesía, principalmente en poesía latinoamericana. La ostia de nombres. A destacar las discrepancias que mantienen varios personajes sobre Octavio Paz, y que se repiten continuamente a lo largo del libro.
¡Ah! y la referencia a Easy Rider, muy acertada. Le viene muy al pelo a los protagonistas.

Así que queda recomendado. No me extiendo más por no joder la trama, de entre todo el resto de historietas. Al final resultaba que tenía trama, ajajaja.
Muy grande.

Saludos!

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"Junto a la tele encontramos a Jorgito Font. María no le dirigió la palabra ni me lo presentó. Tiene doce años, el pelo largo y viste como un mendigo. A todo el mundo trata con el apelativo de naco. A su madre loe dice mira, naca, no voy a hacer esto, a su padre, escucha, naco, a su hermana, mi buena naca o mi paciente naca, y a mí me dijo, quihubo naco.
Los nacos, hasta donde sé, son los indios urbanos, los indios citadinos, pero tal vez Jorgito lo emplee con otra acepción."
*esto viene al hilo de esto-> La palabra naco (Tripodología felina)




"Le dije que me interesaba la poesía y la señora Nodier, para mi sorpresa, dijo que todos los poetas eran unos vagos pero que en la cama no estaban nada mal."






"El problema con la literatura, como con la vida, dice don Crispín, es que al final uno siempre temina volviéndose un cabrón."






"Ahorraré la descripción de la mencionada discoteca. Juro por Dios que pensé que de allí no saldríamos con vida. Sólo diré que el mobiliario y los especímenes humanos que adornaban su interior parecían extraídos arbitrariamente de El periquillo Sarniento, de Lizardi, de Los de abajo, de Mariano Azuela, de José Trigo, de Del Paso, de las peores novelas de la Onda y del peor cine prostibulario de los años cincuenta (más de una fulana se parecía a Tongolele, que entre paréntesis creo que no hizo cine en los cincuenta, pero sin duda mereció hacerlo)."








"Yo no quiero exagerar. Yo tenía dinero para vivir. Yo era feliz. Yo por el día vivía en la facultad, como una hormiguita o más propiamente como una cigarra, de un lado para otro, de un cubículo a cubículo, al tanto de todos los chismes, de todas las infidelidades y divorcios, de todos los planes y proyectos, y por las noches me expandía, me convertía en un murciélago, dejaba la facultad y vagaba por el DF como un duende (me gustaría decir como un hada, pero faltaría a la verdad), y bebía y discutía y participaba en tertulias (yo las conocí todas) y aconsejaba a los poetas jóvenes que ya desde entonces acudían a mí, aunque no tanto como después, y vivía, en una palabra, con mi tiempo, el tiempo que yo había escogido y con el tiempo que me circundaba, tembloroso, cambiante, pletórico, feliz."







"escenas dislocadas en donde jóvenes maleantes sombríos danzaban con jóvenes sirvientas desesperadas en un torbellino de contrastes que, lo confieso, acentuó si eso es posible mi borrachera. Después hubo una pelea en alguna parte. No vi nada, sólo oí gritos. Un par de matones emergieron de las sombras arrastrando a un tipo con la cara ensangrentada."







"Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Ésta es la mejor literatura, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. (...)"







"Tomemos, por ejemplo, un lector medio, un tipo tranquilo, culto, de vida más o menos sana, maduro. Un hombre que compra libros y revistas de literatura. Bien, ahí está. Ese hombre puede leer aquello que se escribe para cuando está sereno, para cuando estás calmado, ppero también puede leer otra clase de literatura, con ojo crítico, sin complicidades absurdas o lamentables, con desapasionamiento. Eso es lo que yo creo. No quiero ofender a nadie. Ahora tomemos al lector desesperado, aquel a quien presumiblemente va dirigida la literatura de los desesperados. ¿Qué es lo que ven? Primero: se trata de un lector adolescente o de un adulto inmaduro, acobardado, con los nervios a flor de piel. Es el típico pendejo (perdonen la expresión) que se suicidaba después de leer el Werther. Segundo: es un lector limitado. ¿Por qué limitado? Elemental, porque no puede leer más que literatura desesperada o para desesperados, tanto monta, monta tanto, un tipo o un engendro incapaz de leerse de un tirón En busca del tiempo perdido, por ejemplo, o La montaña mágica (en mi modesta opinión un paradigma de la literatura tranquila, serena, completa., o, si a eso vamos, Los miserables o Guerra y paz."







"Llovía. ¡Pero nosotros no somos terrones de azúcar!"







"En la facultad llamé por teléfono a Albertito Moore y le pregunté si se acordaba xde Ulises Lima. Su respuesta fue vaga. Se acordaba y no se acordaba, ¿quién era Ulises Lima? ¿un amante perdido? Le di los buenos días y colgué. Luego llamé a Zarco y le hice la misma pregunta. La respuesta, esta vez, fue mucho más contundente: un loco, dijo Ismael Humberto. Es un poeta, dije yo. Más o menos, dijo Zarco. Viajó a Managua con una delegación de escritores mexicanos y se perdió, dije yo. Debió de ser la delegación de los poetas campesinos, dijo Zarco. Y no volvió con ellos, desapareció, dije yo. Son cosas que suelen ocurrirle a esa gente, dijo Zarco. ¿Eso es todo?, dije yo. Pues sí, dijo Zarco, no hay más misterio."







"A partir de esa noche supe que tal vez, con algo de suerte, podía ganarme la quiniela otra vez, pero no volví a jugar. Ella pone miles de huevos, decía la voz de mi sieño y uno de los huevos había caído hasta donde yo me encontrada. Ya no quiero más quinielas. Los negocios me van bien."







"el meollo de la cuestión es saber si el mal (o el delito o el crimen o como usted quiera llamarle) es casual o causal. Si es causal, podemos luchar contra él, es difícil de derrotar pero hay una posibilidad, más o menos como dos boxeadores del mismo peso. Si es casual, por el contrario, estamos jodidos. Que Dios, si existe, nos pille confesados. Y a eso se resume todo."







"un poquito siniestro, ¿no? Un poquito sublime y un poquito siniestro. Como en todo amor loco, ¿no? Si al infinito uno añade más infinito, el resultado es infinito. Si uno junta lo sublime con lo siniestro, el resultado es siniestro. ¿No?"






"No huele. Las monedas ganadas en los mingitorios de Barcelona y de Madrid no huelen. Y si huelen sólo huelen a dinero. Sólo huelen a lo que el gigante sueñe hacer con el dinero."





"preferían esperar, no adelantar acontecimientos, una relación en el frigorífico."