Arriba

Arriba

viernes, 20 de marzo de 2009

El libro de Rachel / Martin Amis



Qué bueno el Amis. Va ganando 2-1.
El primero que me leí de él fue Dinero (del que también hice reseña en su momento), que me encantó. Luego lo intenté con Campos de Londres y se me hizo impenetrable, no recuerdo si era por el contenido, o la forma en que estaba escrito o que simplemente me acojonaba el volúmen de páginas tan densas. Así que le di bastante tiempo hasta volver a leer algo de él.
Y la verdad es que ha sido un reencuentro cojonudo. Con personajes introspectivos de los que me gustan a mí.

El libro viene estructurado por capítulos como si de una cuenta atrás se tratase, que termina a las 00:00 del día en que nuestro prota cumple los 20 años. Vamos, como si hubiera mucha diferencia de los 19 a los 20, no me jodas. La diferencia está cuando cumples 21, se te va a tomar por culo el abono joven y te toca desembolsar mensualmente 75 euros en abono transporte, en vez de 45.

Así, nuestro prota va creciendo conforme sigue escribiendo el Libro de Rachel y va recordando los acontecimientos vividos en los últimos meses.
Bueno, gilipolleces aparte, el chavaluco este se va a Oxford o a Cambridge, no me acuerdo y no tengo el ejemplar delante, preparándose para un exámen de acceso. Se enamora de Rachel.
No piensen, a pesar de ello, que es la típica novela del adolescente encoñado y su historia de amor, porque es bastante más real que las historias empalagosas. Es decir, que el pive no es que quiera casarse y formar una familia, sino que es un enamoramiento normal, hormonado. Y sobretodo porque constituye un reto para él, encontrarse con una chorba a la que no puede manipular.
Porque nuestro amigo, de cuyo nombre no puedo acordarme, es un manipulador de tres pares de pelotas. Es pura fachada de intelectualoide vanidoso tras la que esconde inseguridades pa parar un tren. Tipical teenager. Sus intentos para impresionar a Rachel son acciones premeditadas:
decoración de la habitación ante una visita inminente (libros y discos que "casualmente" están tirados por el suelo, iluminación tenue, etc.), frases ensayadas, movimientos preparados al milímetro, etc. Quiere tenerlo todo controlado.
"¿Qué máscara ponerme? En las dos ocasiones que la vi el pasado agosto llevé a cabo varias reorganizaciones completas de mi identidad, para, al final, quedarme con un intermedio entre el tipo desdichado, lacónico e inescrutable y el tipo enterado, divertido, cínico y gracioso pero ligeramente demoníaco, ligeramente nihilista, que a duras penas contiene su deseo de muerte. ¿Repetir ese número, o empezar desde cero?
¿Por qué no podía ser Rachel un poquito más concreta respecto a la clase de persona que ella era? (...) No, no me digan que ella va a ser precisamente la chica que me demostrará que clasificar a la gente de este modo es una locura ególatra; no me digan que es ella la que me va a clasificar, la que me va a desafiar, la que me dará la cognitio y la osadía cómica. No lo soportaría."



Amis lo transmite de puta madre. Flipas con cómo describe, por ejemplo, cuando se enrolla el prota con pivas (porque una cosa es el amor por Rachel y otra que no se penque a otras pavas) cómo va anticipándose a los movimientos y mide los pasos al milímetro. Todo calculado.

Vive con su hermana, que se fue de casa hace años con un vago que le daba cañita, y es un prenda de mucho cuidao. Pegao a la botella y a cualquier otra sustancia que altere el ritmo de los neutrotransmisores. Esa casa es una puta locura, su hermana y el cuñado todo el día discutiendo, llegando o no a las manos, según el día. Así que una casa de vicios.
"Tenía debajo de la cama una pequeña botella de whisky sin abrir: mi somnífero líquido. Me pregunté si estaba contraindicado beber cuando tienes que tomar antibióticos. Pero, de todos modos, le pegué un buen trago."


Y luego está Gloria, una colega del prota. Una follamiga. De las que te pegan hongos y esas cosas, hahaha. Ahí, sin complicaciones y para cuando quiera. En ese sentido no se puede quejar.
Rachel es otra cosa.

Pero claro, siendo como es él (como somos), en el momento en que se alcanzan los objetivos anhelados, saboreamos y digerimos el triunfo... terminamos por cagarlo. Porque ya no nos sabe a nada. Empiezan a sacarnos de quicio muchas acciones del otro, te dan ganas de gritarles, de empujarles y sacarles de tu vida por cafres, por dependientes y por chantajistas (entre otras muchas)... y recuperamos la objetividad ante los defectos del otro.

La historia de siempre........


Saludos.

PD: He terminado un curso de encuadernación. Los libros que acompañan al ejemplar de El libro de Rachel han salido de mis manos!!!!!!!!!!!! jojojojo.Tengo un nuevo vicio.
***************

"Muy bien: coches demoníacamente mecánicos; potentes y sólidos árboles vivos; irreales edificios aparentemente lejanos; viandantes granudos de aspecto extraterrestre; Intensa Conciencia de Ser; falacia patética más que omnipresente déjà vu, angustia cósmica, miedo metafísico, un sentimiento a la vez claustrofóbico y agorafóbico, la religión del adolescente."





"Sin saber cómo, vas adquiriendo gradualmente cierta responsabilidad..., o te da la sensación de que, sin querer, la sientes. Porque el afecto es acumulativo. La gente anda por ahí actuando como si se tratase de una cosa meramente química. Pero no lo es. ¿Cómo podría serlo? Lo normal es que aumente el cariño que sientes por las personas a medida que las vas conociendo.
Empiezan a depender de ti y tú empiezas a ignorarlas. Y luego se te ocurre que quizá eso sea lo mejor. Empiezas a preocuparte pensando cómo se las arreglará el otro sin ti, y cómo te las arreglarás tú sin el otro. Pero ahí está la trampa. En cuanto te preocupas por lo que te va a ocurrir cuando estés solo, ya la has fastidiado. No tienes que permitir que te coloquen en una posición falsa."







"No sé por qué razón, al cerrar la puerta tuve la sensación de ser un jeta."







"La llamada nueva filosofía, o 'tolerancia' si lo prefiere, aparece, si la estudiamos a findo, como un nuevo puritanismo por medio del cual se te acusa de ser reprimido o palurdo si por casualidad no apruebas la infidelidad, la promiscuidad, etcétera. No se nos permite que nos ofenda ninguna cosa, de modo que, gracias a este sistema, acabamos volviendo a negar nuestros instintos -cierto sentido moderado de posesión, pongamos por caso, o cualquier clase de escrupulosidad moral- de la misma manera que los puritanos nos obligaban a negar los instintos opuestos. Ambos códigos resultan, pues, limitadores, y se oponen, por consiguiente, a los verdaderos sentimientos de las personas: así que -concluí-, hágame el jodido favor de concederme una beca -o una expresión equivalente."







"Por lo que se refiere a la estructura, la comedia ha progresado mucho desde los tiempos de Shakespeare, quien en sus festivos finales era capaz de emparejar a cualquier gilipollas con cualquier furcia subnormal (véase el caso de Claudio y Hero en Mucho ruido...) sin sentir por ello el menor rubor. Pero el beso final ya no simboliza nada y el gran festejo nupcial ha dejado de ser una imagen plausible del deseo. En lugar de ser el final que promete otro comienzo, del cual el público estará dispuesto a ser excluido, ese beso es ahora el comienzo de la acción cómica. ¿De acuerdo? Nos hemos acostumbrado a penetrar cada vez más profundamente en lo que ocurre después de la promesa del 'y fueron felices'': nos interesan los matrimonios y parejas cuya relación empieza a decaer, las cosas que ocurren después, esos momentos en los que cada miembro de la pareja le dice al otro lo que piensa de él, esas fases en las que los dos se esfuerzan por aprender de sus errores pasados."






"Únicamente me sentía solo cuando entraba en el baño y cerraba la puerta. Me encontraba todavía en esa fase en la que tienes la sensación de que llevas un barril de patetismo en el diafragma, en la que te da la sensación de que hasta la caída de un sombrero podría mostrarte el miedo en un puñado de polvo."






"Veinte minutos más tarde, en el baño de abajo, me miraba al espejo que está encima del lavabo. Era una cara demasiado chupada y desinteresada para ser la mía. Mientras la observaba, su actitud inexpresiva empezó a transformarse en un gesto, una mueca, que llegó finalmente a convertirse en una sonrisa. Mira chico, los mejores de veinte años hacen estas cosas todo el día. Recuerda. sólo se es joven una vez. El joven no está destinado a la culpa sino a la lujuria más desatada; no está destinado al remordimiento sino a la exultación; no está destinado a la vergüenza sino al cinismo."






"Deje de leer libros de crítica, y olvídese por Dios de todas las paparruchadas estructuralistas. Limítese a leer los poemas y averigüe si le gustan o no, y por qué. ¿De acuerdo? Lo demás se dará, confiemos, por añadidura."







"-¿Y qué me dices de ti?
-¿eh?
-¿Cómo te va con la señora?
Hizo una pausa entre con y la señora; no obstante, me llevé una sorpresa, me quedé casi conmovido, y no tanto por su pregunta como por el hecho de que me la hubiera hecho él.
-Todo ha terminado. Ya no me interesa. Por diversas razones.
Se frotó las mejillas.
-Sí, siempre que ocurre resulta penoso, claro, pero no te deprimas. Son cosas que vienen y se van. Nuevas experiencias.
-Tú sabrás. De acuerdo, son experiencias. Pero ¿por qué -sentí la inquietud del buen actor que tiene que recitar un mal texto- ...por qué tardan tanto en venir, y tan poco en irse?
Mi padre soltó una sonora carcajada.
-Querido hijo, si supiera la respuesta a tu pregunta, sería un hombre feliz."