Arriba

Arriba

jueves, 19 de febrero de 2009

El último trayecto de Horacio Dos / Eduardo Mendoza


Empezaré agradeciendo el préstamo del ejemplar por parte de rata con alas. Aunque no estoy muy segura de que le vaya a gustar la entrada, sorry.


Sé que no les tengo acostumbrados a éste tipo de lecturas rápidas y humorísticas, pero de vez en cuando no vienen mal. Aunque ya tengo unas ganas de ralentizar el ritmo y darle más vueltas a las frases... que lo flipas.

No sé, me he reído a veces (bueno, tampoco han sido carcajadas) pero creo recordar que menos que con El laberinto de las aceitunas. Al menos, a juzgar por la reseña que hice, debió ser así porque, es lo malo de estos libros, no recuerdo nada en absoluto de la trama. Al contrario de Sin noticias de Gurb, del sí que me acuerdo. Tremendo TRUÑO. Quizás en forma de artículos, semanalmente, puede estar bien, pero todo seguido... menudo tostonazo a mi parecer.

En este caso la trama tiene lugar en un contexto de ciencia ficción con naves y estaciones espaciales en un futuro lejano. Escrito en plan cuaderno de bitácora por parte del Capitán de la nave en la que se encuentran nuestros protagonistas (Horacio Dos,) el cual está a punto de recibir la Jubilación aunque sospecha que la última misión que se le ha encomendado es una especie de prueba para ver si le jubilan con el 100% del sueldo o no, depende de lo mal que lo haga.
Por ello le embarcan con una tripulación bastante dada a las conspiraciones y las juergas, y una serie de viajeros divididos en tres grupos principales: los Delincuentes, las Mujeres descarriadas, y los Ancianos improvidentes. Tres grupos de los que Mendoza utiliza sus clichés para exprimir el lado cómico, personificándolos en 4 personajes: Garañón (delincuente), la Srta. Cuerda (mujer descarriada) y dos yayos de cuyos nombres, si es que los dice en algún momento, no me acuerdo.
A destacar otro ocupante de la nave: el médico. El repartidor de priva oficial.

Y ahí que se lanza el torpe de Horacio al espacio sideral a la espera de instrucciones que les facilitarán sobre la marcha. Poco a poco descubres lo cutre del escenario, y otros escenarios aún más cutres representados en forma de Estaciones Espaciales y sus habitantes, embaucadores y trapicheadores por norma. Aquí nadie se libra de llevar máscaras. Como la capacidad de relacionar es bastante limitada para Horacio, no hace más que tropezar una y otra vez con los mismos errores basados en la "confianza ciega" que deposita en sus anfitriones. Con lo que una y otra vez pone en peligro a la nave y sus ocupantes teniendo que urdir planes improvisados para salir de los aprietos.

La forma de escribir del Mendoza pues como siempre, fiel a su estilo. Lo que más me ha gustado y me ha parecido novedoso (creo que en los otros dos libros que me he leído de él no lo utilizaba, aunque también es posible que no me acuerde) es la forma de adjetivizar algunos conceptos. Algo así como si digo que la novela me ha parecido dos puntos por encima de graciosa y 3 puntos por debajo de desternillante.




En resumidas cuentas: quizás el contexto ci-fi no haya sido el más adecuado para volver a Mendoza y me hubiera ido mejor siguiendo con la Cripta embrujada o alguna de esas novelas detectivescas. Las naves, los marcianos y el humor surrealista combinados no me gustan. El humor surrealista en otras condiciones, sí (aunque tampoco sea el tipo de humor que más me llene, al menos de forma escrita), pero es que mezclado con estos rollos... ufffff. No le pillo el tranquillo.
Incluso me ocurrió con Pulp, de Bukowski. Que también llevaba un rollo detectivesco-surrealista-cómico y encima con extraterrestres de por medio.
Nada, nada, que no es lo mío.




Así que a otra cosa, mariposa...

*******************************************************************




"El sector de las Mujeres Descarriadas es por definición levantisco, pero su potencial para alterar el orden público interno de la nave y, en general, cualquier orden público, es inconmensurable."



"La deplorable carestía ha dado origen, como era de esperar, a un incipiente mercado negro a bordo de la nave. Según rumores que me llegan, por una suma elevada de dinero se puede conseguir un botellín de agua potable o una garrafa de agua pestilente, así como algunos fármacos. No son rumores fiables, porque procede, como siempre, de personas envidiosas o fantasiosas o estúpidas, o las tres cosas a la vez, pero el mero hecho de que a estas personas se les haya ocurrido semejante infundio indica que la verdad no debe de andar muy lejos de la mentira."