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jueves, 19 de noviembre de 2009

After Dark / Haruki Murakami



Tercero de Murakami que cae. Bien, acaba de inclinarse la balanza a su favor.
Tokio Blues me pareció demasiado lento, sí, ritmo oriental o como queráis llamarlo... en mi caso demasiada inexpresividad de movimiento. Es decir, pasan cosas, pero no te das cuenta. Va todo como tan frío... nah, que no me gustó. Más por las sensaciones que por el libro en sí, quizá por eso me cueste explicarlo. Pero lo que sí me gustó es que tenía banda sonora, mencionaba multitud de grupos y canciones.
Luego vino Kafka en la orilla, que como ya expliqué por aquí: me encantó. Una trama genial y un fondo extenso que incluía bibliotecas y gatos.

Y ahora ¡le toca a la noche! ¡Esa gran aliada! Qué contenta me pone que le hagan homenajes como éste. La historia del libro transcurre a lo largo de una noche y gira en torno a una chica que lee. De madrugada y lee en cafeterías. Viendo a la peña cómo se cuece y se va de fiesta, ella se queda ahí, con sus cigarritos y su libro, tan pancha. Es que, te tiene que caer bien, ya de primeras.
Y para que alguien consiga no sucumbir a la tentación de cerrar el libro, pedirse un whisky e, inmediatamente después, fuego al jambo que tenga al lado, a esas horas y con esa luna mirando, pueden existir dos razones: que esté con la regla o que tenga un problema que la haga preferir estar sola. Leyendo, aunque sea, para no pensar demasiado.

En este caso la razón es la segunda.

Pero claro, ya sabemos que las ganas que tengas de hablar con gente es directamente proporcional al número de personas que van a venir a entablar conversación contigo. Y si además tienes un libro entre manos, la proporción se multiplica por dos.
Así que llega el Don Juan de la novela, que la tiene fichada, a darle la brasa. Va y viene, porque el chaval además es músico, tiene un grupillo, y están en horas de ensayo. Tiene gancho y labia. Para mi que se la cepilla.
También aparecerá en escena una Madame de un puti cercano, con su trama correspondiente.

Y mientras se desarrollan todos estos acontecimientos donde se encuentra la chica-lectora, aparecen intercalados unos pasajes sobre una pantalla de televisión en cuyo interior se puede ver a una chica durmiendo, casi parece que está muerta.

Como ya sabemos que a Murakami le gusta mucho entrelazar líneas argumentales, no hay que ser un lumbreras para adivinar que, lo que nos cuenta en estos pasajes, mucho tiene que ver con la chica-lectora que se ve envuelta en una historia con mafias de por medio.
“-Estaré esperando –dice Kaoru-. ¿Todavía cortáis orejas? El hombre tuerce ligeramente los labios. -Vida, sólo se tiene una. Orejas, dos. -Quizá sí. Pero con una sola oreja no se pueden llevar gafas. -Es un inconveniente –dice el hombre.”



A destacar: las descripciones nocturnas-callejeras de flora y fauna, que me encandilan.
Ambos vuelven al centro del barrio. A aquellas horas apenas se ve un solo transeúnte. A las cuatro de la madrugada es cuando más tranquila está la ciudad. Sobre el pavimento hay esparcidas infinidad de cosas. Latas de cerveza, ediciones vespertinas del periódico pisoteadas, cajas de cartón aplastadas, botellas de plástico, colillas. Un trozo de un faro piloto de un coche. Un guante de trabajo. Algunos vales de descuento. También se ven restos de vómitos. Un gato grande y sucio olfatea con avidez las bolsas de basura. Quiere asegurarse su parte antes de que las ratas lo revuelvan todo, antes de que los feroces cuervos aparezcan al amanecer en busca de comida. Más de la mitad de los neones están apagados y las luces de las tiendas abiertas toda la noche resaltan en la oscuridad. Hay montones de prospectos de propaganda sujetos de cualquier manera bajo los limpiaparabrisas de los coches aparcados. Se oye sin cesar el rugido de los grandes camiones que circulan por la cercana carretera troncal. Ahora que está vacía es el momento idóneo para cubrir largas distancias.”

O cuando habla de esos temas tan recurrentes y que nunca podrán aburrirme, como la importancia y función de los recuerdos
para las personas, los recuerdos son el combustible que les permite continuar viviendo. Y para el mantenimiento de la vida no importa que esos recuerdos valgan la pena o no. Son simple combustible. Anuncios de propaganda en un periódico, un libro de filosofía, una fotografía pornográfica o un fajo de billetes de diez mil yenes, si los echas al fuego, sólo son pedazos de papel. Mientras los va quemando, el fuego no piensa: ‘¡Oh, es Kant!’, o ‘Esto es la edición vespertina del Yomiuri Shinbun’, o ‘¡Buen par de tetas!’. Para el fuego no son más que papelotes. Pues sucede lo mismo. Recuerdos importantes, otros que no lo son tanto, otros que no tienen ningún valor: todos, sin distinción, no son más que combustible.”

O cuando me abofetea con frases como esta:

“Cuando te andas con media tintas, fatal. En este mundo hay cosas que sólo puedes hacer sola y cosas que sólo puedes hacer con otra persona. Es importante ir combinando unas y otras.”


Queda recomendadísimo.
Chapeau por el japo.

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“El suelo que pisamos parece muy firme, pero, en cuanto pasa algo, se te derrumba de golpe. Y si te hundes, sanseacabó. Ya no hay vuelta atrás. Luego lo único que te queda es ir viviendo sola en el mundo de abajo, entre tinieblas.”







“-Oye, Mari. ¿Tú crees en la transmigración de las almas?
Mari sacude la cabeza.
-No. Me parece que no.
-Entonces, ¿no crees que exista el más allá?
-Nunca he pensado seriamente en eso. Pero yo diría que no hay ninguna razón para creer en ello.
-¿Y crees que después de la muerte no hay nada?
-Sí. En líneas generales, eso es lo que pienso –dice Mari.
-Pues yo sí creo en la transmigración de las almas. Vamos, mejor dicho, me da pánico pensar que no se produzca. Yo, eso de la nada, no lo entiendo. No lo entiendo y tampoco me lo puedo imaginar. (...) En cuanto pienso en esas cosas, me acojono –dice Kôrogi-. Sólo de pensarlo, siento que me falta el aire, me paralizo de miedo. Y, mira, creer en la transmigración de las almas es más cómodo. Aunque te reencarnes en algo horrible, al menos puedes imaginar qué pinta tendrás. De una forma concreta. Te ves convertida en caballo o en caracol, por ejemplo. Además si te sale mal el asunto, siempre puedes pensar que tendrás más suerte la próxima vez.”









“-Creo que, poco a poco, invirtiendo mucho tiempo, me he ido creando un mundo propio. Y cuando estoy en él, yo sola, me siento hasta cierto punto tranquila y segura. Pero el hecho de haber tenido que construirme este mundo significa, en sí mismo, que soy una persona débil, frágil, ¿no? Además, desde el punto de vista de la sociedad, mi mundo es algo insignificante. Parece una casa de cartón que un vendaval puede llevarse en un abrir y cerrar de ojos...

10 comentarios:

liv dijo...

ohh leí este libro allá por marzo, y lo compre en Barajas viendo que mi vuelo se habia retrasado un monton. Empece a ojear y al final cayo este... A este autor se le ha dado mucho bombo, no me ha desagradado pero tp me ha fascinado... es mmm no se... un regusto agridulce, con una cadencia y suavidad de los acontecimientos que realmente se agradece, quizás la trama no es la que de vidilla al libro, sino mas, los actos reflexivos y vitales de los personajes, la incongruencia, los balazos que describe tan bien; todo el mundo de los suburbios y de la noche, las multiples lineas narrativas para luego ir encajandolas...

Quizas siga con Tokio blues.

Un saludo¡¡

mario skan dijo...

Pendiente total el señor Murakami, cuando llegue su edición económica a las librerias probaré con este, reseña contagiosa y las otras también las que tienen banda sonora y biblitecas.

saludos

Adri Phaustho dijo...

Tengo demasiadas ganas de Murakami. Todo el mundo lo habéis leído y yo ni siquiera tengo "Kafka en la orilla" o "Tokio blues"...

Uf, tengo que leerme algo suyo. =(

Azhaag dijo...

Se te echaba en falta por estos lares, gracias por aparecer de nuevo.

Un saludo.

Azhaag

Humanoide dijo...

Murakami ya me hinchó las pelotas, pero bien ahi, eh.

Saludos miles.

Redwine dijo...

Pues a mí la parte que más me gustó de Tokio Blues fue el personaje de Midori, así que me tiene buena pinta esa protagonista femenina...

Bicos ;)

e. r. dijo...

Hola, Katrina!
Perdón por discrepar, pero este libro es horrible! Es como de adolescentes, lleno de clichés, empieza con la imagen de la ciudad como animal dormido que han utilizado miles de escritores, especialmente los más haraganes, que ya no quieren pensar más.
Sigo sosteniendo que en libros de autoayuda, Paulo Cohelo es más profundon y más complejo que Murakami, aunque este último sea japonés.
Pero igual, al leerte, hasta dan ganas de darse otra oportunidad leyéndolo...
Saludos!

Leox dijo...

A mi After Dark , me gusto , pero no me mato como kafka en la orilla y Tokio Blues

Anónimo dijo...

A mí el que más me gusta de Murakami es "Al Oeste del sol, al Sur de la frontera".

¿nadie lo ha leído?... es muy conocido.

felicidades Katrina por tu blog.

Sol dijo...

Buf, me pasó con "Tokio Blues" lo que a ti, me pareció taaaaaan lentoooooo, que se me quitaron las ganas de Murakami...