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martes, 9 de junio de 2009

El jugador / Fiodor Dostoievsky



¡Sí, joder, sí! Es el tercero, me gusta irle leyendo cada cierto tiempo desde que me terminé Crimen y Castigo.
Lamentablemente no tengo creadas aquí las entradas de Memorias del subsuelo y Crimen y Castigo, puesto que cayeron antes de que empezara con este rollo del blog. Quizás algún día traslade los extractos que tengo por ahí archivados...
Por lo que cuentan en la época en que escribió esta novela Dosto andaba hasta las cejas de deudas (heredadas de su hermano) y padeciendo la reciente muerte de su primera esposa; es por ello que se comprometió con una editorial para escribir una novela en el plazo establecido, o si no dicha editorial adquiriría todos los derechos de sus obras publicadas previamente. Como marujeo he de decirles que se casó con la pava que le mecanografió y revisó el estilo de esta obra.
Aquí, el Dosto, escribe con conocimiento de causa, vamos, que tuvo sus momentos frenéticos con la ruleta; así que si sumamos la capacidad innata del colega para desmenuzar el pensamiento de los personajes y su propia experiencia, los retratos le quedan clavaos.



Porque como muy claramente indica el título, y ya les he adelantado, la trama gira entorno a un jugador de ruleta. Podría decirse que se trata de un auténtico profesional, al que le rodean otros tantos profesionales del azar. En su mayoría personas pertenecientes a la burguesía, o aspirantes a pertenecer a ella, bien por motivos matrimoniales, bien por herencias recibidas. El protagonista es Alexéi Ivánovich, un tipo atormentado por sus pasiones: el juego y Polina; una aristócrata pendiente de recibir herencia por parte de su yaya, la anciana (y bastante porculera) Babulinika, cuya muerte se espera en el hotel donde se alojan los personajes como agua de Mayo. Todo sea por tener más pastaca para jugar.
Pero hete aquí que va la yaya y aparece en escena, por sorpresa, para demostrarles a la peña que más sabe el diablo por viejo que por diablo y que está de putísima madre. Tanto, que le importa una mierda el gastarse una fortuna en la ruleta desde el primer momento en que la prueba. Además, siente predilección por el riesgo y por lo tanto por apostar sólo al Cero. Con dos cojones. Pide a Alexei (con el que hace buenas migas) que le aconseje, pero como abuela que es, y el poder que le da el dinero, termina haciendo lo que le viene en gana. Conclusión: mares de dinero que acaba perdiendo, con el consiguiente disgusto de todos los interesados en enganchar pasta. Porque ya se sabe que los donetes, los canutos y la pasta, hacen que aparezcan amigos por todas partes.

Pero lo mejor de todo es sentir las obsesiones de Alexei, o más bien, las reacciones que en él producen estas obsesiones. Observador como pocos e irreverente cuando la ocasión lo merece.
"me habría entregado sin más al interés cómico en el próximo desenlace y me habría reido a mandíbula batiente"

Está empeñado en manejar la suerte a su antojo, pero desde los griegos ya sabemos que los designios La Fortuna no hay forma de esquivarlos. Sin embargo, el resultado fallido de estos intentos no le amarga lo suficiente como para dejarlo, sino que casi le resulta indiferente y, me atravería a aventurar, que incluso obtiene beneficio de perder, puesto que le permite "depurar su técnica". Y es que hay ocasiones en las que reniega de las tácticas que adoptan los jugadores, en cambio otras veces da la impresión de que tiene su propio Manual del buen jugador, que contínuamente va rectificando.
"Me pareció que los cálculos de combinaciones significaban bastante poco y no tienen, ni con mucho, la importancia que le atribuyen muchos jugadores. Se sientan con cuadernos que llenan de garabatos, apuntan las jugadas, hacen cuentas, deducen las probabilidades, calculan, por fin realizan sus posturas y... pierden igual que nosotros, simples mortales, que jugamos sin andar con tantos cálculos. Sin embargo, saqué una conclusión que me parece justa: aunque no hay, efectivamente, un sistema, existe, no obstante, una especie de pauta en las probabilidades, lo que, por supuesto, es muy extraño."



En fin, que no puedo dejar de recomendarlo: no se puede dejar pasar la ocasión de conocer al peculiar Alexei y al resto de personajes que convergen en torno a la ruleta. Si además son ustedes de aquellas personas a las que hipnotiza la bolita saltando, los números de los cartones, la especial de las tragaperras o las carreras de caballos... disfrutarán poniéndose en la piel de los personajes. Además de encontrar tópicos como que siempre se gana primero para luego perder el doble, etc. y que le reconfortan a uno (esto les pasa a todos) porque les recordarán más de una partidita que no deberían haber echado. Y lo peligroso que es...


Y aquí que me despido, hasta siguientes...

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"El caballero auténtico, aunque pierda cuando tiene, no debe alterarse. El dinero debe ser una cosa tan despreciable para un caballero, que casi no vale la pena preocuparse por él. Sería muy aristocrático, por supuesto, no darse cuenta de la cochambre de toda esa chusma y de ese ambiente. A veces, sin embargo, no es menos aristocrático y refinado darse cuenta, es decir, observar con cuidado, examinar con impertinentes, como si dijéramos, a toda esa chusma, pero sólo viendo en esa cochambre de toda esa muchedumbre una forma especial de pasatiempo, un espectáculo organizado para divertir a los caballeros."








"¡Qué demonio! Ese rostro diabólico sabía transfigurarse en un segundo. ¡En ese momento tomó un aspecto tan suplicante, tan atractivo, se sonreía de una manera tan candorosa y aun tan pícara! Al terminar la frase me hizo un guiño disimulado, a hurtadillas de los demás; se diría que quería rematarme allí mismo. Y no salió del todo mal, sólo que todo ello era burdo y, por añadidura, horrible."









"He recogido mis papeles y he vuelto a leerlos. ¡Quién sabe si los escribí sólo para convencerme de que no estaba en un manicomio! Ahora me encuentro completamente solo. Llega el otoño, amarillean las hojas. Estoy en este triste pueblecito (¡oh, qué tristes son los pueblecitos alemanes!), y, en lugar de pensar en lo que debo hacer en adelante, vivo bajo el influjo de más recientes sensaciones, de mis recuerdos aún frescos, bajo el influjo de ese torbellino de la víspera, que me arrebató en su vórtice para acabar siendo despedido. A veces se me antoja que todavía sigo girando en el torbellino, y que otra vez va a levantarse ese vendaval, arrebatándome al pasar con sus alas, y que de nuevo perderé una vez más toda una noción de orden de medida, y que seguiré dando vueltas y vueltas y vueltas..."







"Sí, a veces la idea más delirante, la que parece más imposible, se le clava a uno en la cabeza con tal fuerza que acaba por juzgarla realizable... Más aún, si esa idea va unida a un deseo fuerte y apasionado acaba uno por considerarla a veces como algo fatal, necesario, predestinado, como algo que es imposible que no sea, que no ocurra. Quizá haya en ello más: una cierta combinación de presentimientos, un cierto esfuerzo inhabitual de la voluntad, un autoenvenenamiento de la propia fantasía, o quizá otra cosa... no sé. Pero esa noche (que en mi vida olvidaré) me sucedió una maravillosa aventura. Aunque puede ser justificada por la aritmética, lo cierto es que para mí sigue siendo todavía milagrosa. ¿Y por qué, por qué se arraigó en mí tan honda y fuertemente esa convicción y sigue arraigada hasta el día de hoy? Cierto es que ya he reflexionado sobre esto -repito-, no cómo sobre un caso entre otros (y, por lo tanto, que puede no ocurrir entre otros), sino como sobre algo que tenía que producirse irremediablemente."










"¡Y he aquí que ha pasado algo más de año y medio y, a mi modo de ver, estoy mucho peor que un mendigo! ¿Qué digo mendigo? ¡Nada de eso! Sencillamente estoy perdido. Pero no hay nada con qué compararlo y no tengo por qué darme a mí mismo lecciones de moral. Nada sería más estúpido que moralizar ahora. ¡Oh, hombres satisfechos de sí mismos! ¡Con qué orgullosa jactancia se disponen esos charlatanes a recitar sus propias máximas! Si supieran cómo yo mismo comprendo lo abominable de mi situación actual, no se atreverían a darme lecciones. Porque vamos a ver, ¿qué pueden decirme que yo no sepa? ¿Y acaso se trata de eso? De lo que se trata es de que basta un giro de la rueda para que todo cambie, y de que estos moralistas -estoy seguro de ello- serán entonces los primeros en venir a felicitarme con chanzas amistosas. Y no me volverán la espalda, como lo hacen ahora. ¡Que se vayan a freír espárragos! ¿Qué soy yo ahora? Un cero a la izquierda. ¿Qué puedo ser mañana? Mañana puedo resucitar de entre los muertos Y empezar a vivir de nuevo. Aún puedo, mientras viva, rescatar al hombre que va dentro de mí."







"Por lo visto esperaba encontrarme triste y abatido.
-Me alegra mucho, de todos modos, ver que conserva plenamente su independencia espiritual y hasta su jovialidad -dijo con tono algo desagradable.
-Es decir, que está usted rabiando por dentro porque no me ve deprimido y humillado -dije yo, riendo."

13 comentarios:

Strika dijo...

Éste no lo he leído y además tengo pendiente una relectura de Crimen y Castigo y de Los hermanos Karamazov. Ahora lo recuerdo, gracias a tu entrada.

Como siempre es un placer leer tus reseñas.

Un beso

Redwine dijo...

Una vez vi una obra de teatro aficionado sobre la relación entre don Fiodor y su mecanógrafa cuando escribían esta novela, contaba lo que dices en la entrada: las deudas, el recuerdo de su mujer, la historia entre ellos...

No he leído el libro, quizá por eso no me gustó mucho la obra, creo que se pasaba con la tensión sexual "maduro-jovencita" y no era muy creíble, jeje

Bicos

C. Chase dijo...

El gran Dos.
Pensativos y callados, tira los dados.

cyberwarro dijo...

Muy interesante, me la voy a leer. Ya veo que vuelves a tu estilo de siempre...estas mejor asi.

loslibros dijo...

Uno de los mejores e imprescindible.

e. r. dijo...

Hola, Katrina
recuerdo que con este libro, en luga de irme con lo moral, me daban unas ganas de jugar a la ruleta!
saludos

mariano skan dijo...

Todos los libros de Dosto son una maza, toditos, Borges decía que los rusos ( Gorky, Tolstoi y Dosto), era lectura de adolescencia. Me parece que toda lectura realizada en la adolescencia te parte el mate.
bueno, exagero, saludos, reseña genial

Richard dijo...

Hola, Katrina: He leído muy poco de "Dosto" (y la última lectura hace muchos años), pero tengo ganas de leer este librito después de oír (¿en el blog de Mariano, quizás?) que era una especie de influencia sobre una parte de la novela "Cicatrices" de Juan José Saer. No tendré tiempo para las novelas gruesas de D hasta que acabo con la novela gruesa de Bolaño. De todos modos, gracias por la reseña (me encanta tu etiqueta de "vicio"). ¡Saludos!

Leox dijo...

Pedazo de libro , yo lo lei en una edcion naranja de salvat.
Mis Dostos preferidos:

Humillados y ofendidos.
Crimen y castigo
Noches Blancas
El jugador
El principe idiota
en fin buenas lecturas para el invierno , me gusta leer a los rusos en invierno

rata con alas dijo...

Creo recordar que la novela fue escrita en 24 horas, o lo mismo me estoy tirando el pisto y fuerton tres días incluyendo el paso a máquina de escribir. Eso sí, fue una récord

Mr Hans dijo...

Es el único libro que deberias conservar
si te juegas tu biblioteca a las cartas

Gracias una vez mas por el post

Jazziturno dijo...

Ni se te ocurra abandonar el Blog.

Que te casco. Uh.

Gww dijo...

Leí este libro hace muchos años en un trastero (estaba en unas estanterías con libros viejos que mis padres habían apartado a ese retiro algo polvoriento).

Sentado en un taburete lo devoré sin importarme la poca luz, el frío o los calambres en el culo.

En fin, así era la lectura entonces, lo primero y más importante. Después he pensado varias veces en releerlo y tu entrada sólo me ha dado aún más ganas.

Saludos.