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viernes, 7 de noviembre de 2008

Camino de Los Ángeles / John Fante


Cada día me motivo más con las fotos, cómo se nota lo ociosa que estoy.

Aquellos de ustedes que hayan tenido escarceos con páginas bukowskianas conocerán este nombre, John Fante (1909 - 1983). Si a eso le añadimos la tira de años que llevo queriendo leerlo (maldito Hank, maldito instigador), pueden imaginarse con las ganas que he cogido* (aquellos del otro lado del charco empleen agarrado) este libro. En realidad el clasicazo habría sido Pregúntale al polvo, otra novela de este autor y con la que se hizo famoso. Pero la verdadera promoción se la hizo Bukowski; todos los artículos que he leído acerca de este autor mencionan que poco se sabía de él hasta que Bukowski comenzó a haerse famoso y sus fieles, como una servidora, comenzaron a interesarse por él. Él, admirado del admirado. Dando Bukowski la tabarra en casi todos los libros, no podía defraudar. Y así comenzaron a publicarse sus novelas.
Es algo así como el precursor del realismo sucio, a pesar de que en realidad sólo está a una década de distancia de Bukowski. También el protagonista es un alter ego del autor, sólo que éste no es un borracho; pero sí comparte muchas características como ser hijo de inmigrantes, humildes, con intenciones de escritor, obsesionados con el sexo y a trabajo distinto cada semana. Un buscavidas, que se dice. Con 30 años es cuando publicó su primera novela. También fue guionista de cine. Con 46 empezó con la diabetes y 20 años después se quedó ciego a causa de ella.

Entre lo que publicó tiene su propia saga de 4 libros protagonizada por su álter ego Arturo Bandini: Espera a la primavera, Pregúntale al polvo, Camino de Los Ángeles y Sueños de Bunker Hill. *(21,10,2008) Los perdedores de John Fante / El mundo [digital]*
Más adelante deja de esconderse tras el álter ego y, directamente, llama a su protagonista John Fante. Con dos cojones. Un escritor de guiones. ¿Quién escribe a quién, a ver? ese tipo de cosas no se hacen. No a gente como yo. Que entro en bucle.


Bueno, vamos a por la novela en sí. Es la primera novela que escribió y fue publicada de manera póstuma. El copy lo tiene Joyce Fante del 85 (como buena profesional que soy me leo tó), pero estuvo guardada durante casi 50 años. Fue escrita en 1936 y entonces no se la publicaron; quizás porque, en palabras del propio Fante dirigidas a un tal Carey McWilliams en una carta, "Parte del contenido pondría de punta los pelos del culo de un lobo. Puede que sea demasiado fuerte; quiero decir que carece de "buen gusto". Pero no me importa". Y así se quedó, escondidica.

Presentemos al impresentable de Arturo Bandini. Un chaval de 20 años que vive con su madre, su hermana y sus libros. Pero no libros cualquiera, vulgaridades no. Schopenhauer, Spengler, Kant, Strachey (?), pero sobretodo Nietzsche. Madre mía, le tiene loco perdido. Aquí, nuestro amigo Arturo, se ve obligado a trabajar en diversos oficios sin demasiado éxito teniendo en cuenta lo desquiciante que es su forma de tratar a los demás. Estamos ante un especimen narcisista cuya única meta es ser escritor y conseguir el Nobel, para ello se empeña en utilizar palabros incomprensibles recién memorizados de esos libros que, sin entender ni mierda de lo que dicen, lee sin parar. En ese pedazo de sociedad que le rodeaba, ni su familia, inmigrante y católica, pasándolas putas desde que el padre murió, ni nadie, era capaz de mantener una conversación con él, ninguno de ELLOS estaba a SU altura. "Perros cristianos (...) ¡Canalones bucólicos! ¡Burrus Americanus! Chacales, comadrejas, sabandijas, asnos..., eso sois toda la peña. (...)"
Monta unos buenos espectáculos al estilo Ignatius Reilly (La conjura de los necios / Toole), con el que también comparten a una santa madre que, hay que joderse, las que tienen que soportar.
Éste Arturito, es escritor. Y lo grita (literalmente) a los cuatro vientos; se hace unas pajas mentales de flipar, está convencido de su inminente éxito. Y le encanta interpretar Así habló Zaratrusta.


Pero claro, siempre tiene que haber algo que le reconcoma por dentro y en este caso son las mujeres. Está obsesionado con ellas, creo entreveer que el amigo todavía no la ha metido en caliente, y allí que se encierra, con sus fotos de mujeres desnudas en el armario. Como un puto mono, dándole al vicio. Esto le causa cargo de conciencia, ¡qué pensaría Nietzsche si le viera con las fotos en vez de estar VIVIENDO la realidad?. Qué coño. A tomar por saco las fotos, sus idolatradas amigas de las que conocía cada centímetro tendrían que ser destruidas. Urgentemente.

Y aquí que va, dispuesto a comerse el mundo, Arturo Bandini...





Por mi parte tendré que agenciarme las otras 3 de la saga.

*****

"-¿Eres consciente del hecho -dije- de que un anillo de casada no es sólo un objeto vulgarmente fálico sino también un vestigio residual de un primitivismo salvaje, anómalo en esta época de presunto saber y progreso?"





"Era pura como el hielo. Nos llevábamos como el perro y el gato."




"Salió del dormitorio en bata.
-¿Qué tal está Jehová esta noche? -dije-. ¿Qué piensa de la teoría cuántica?
Entró en la cocina y se puso a hablar con mi made a propósito de la iglesia. Discutieron por las flores, por cuáles eran mejores para el altar, las rosas rojas o las rosas blancas.
-Yavé -dije-. La próxima vez que veas a Yavé, dile que quiero hacerle unas cuantas preguntas.
Siguieron hablando.
-Oh, Santo señor, Jehová, contempla a tus pies a Mona, tu cursi adoratriz, babeando mongólicas sandeces. Oh, Jesús, es una mujer santa. Dulce y saltarín Jesucristo, es una mujer sagrada.
-Arturo, para ya -dijo mi madre-. Tu hermana está cansada.
-Oh, Espíritu Santo, oh triple personalidad santamente inflada, líbranos de la Depresión. Elige a Roosevelt. Manténnos en el patrón oro. ¡Echa a Francia, pero por los clavos de Cristo, manténnos a nosotros!
-Arturo, para ya.
-Oh, Jehová, con tu mutabilidad infinita a ver si puedes arañar alguna moneda para la familia Bandini.
-Es vergonzoso, Arturo -dijo mi madre-. Vergonzoso.
Me subí al sofá y grité:
-¡Rechazo la hipótesis de Dios! Abajo la decadencia del cristianismo fraudulento! ¡La religición es el opio del pueblo! ¡Todo lo que somos o esperamos ser se lo debemos al diablo y a su contrabando de manzanas!"






"Todas las mañanas me despertaba pensando lo mismo. Tengo que encontrar un trabajo ya, maldita sea. Desayunaba, me ponía un libro bajo el brazo, los lápices en el bolsillo y salía. Bajaba las escaleras y echaba a andar por la calle, unos días con frío, otros con calor, unos con niebla, otros despejados. No importaba, con el libro en la axila, a buscar trabajo."







"Qué idiotas eran. Se dejaban la piel trabajando. con mujeres que alimentar, un enjambre de niños con la cara sucia, preocupaciones por la factura de la luz y de la tienda de comestibles, qué lejos estaban ellos, qué distantes, desnudos bajo el sucio mono, con su necia cara mexicana picada de viruela, saturados de imbecilidad, viéndome volver, creyéndome loco, produciéndome escalofríos. Eran gargajos espesos y cachazudos, pegotes pringosos y abotargados, y en cierto modo como el pegamento, pegajosos, estancados, indefensos y sin esperanza, con los ojos tristes de los pobres y apaleados animales de campo. Me creían loco porque yo no parecía un pobre y apaleado animal del campo. ¡Que me crean loco! ¡Claro que estoy loco! ¡Patanes, voceras, alcornoques! Me trae sin cuidado lo que penséis. Me daba asco tener que estar tan cerca de ellos. Quería darles una paliza, de uno en uno, pegarles hasta que fueran una masa de heridas y sangre. Quería gritarles que apartaran de mí aquellos malditos ojos deprimentes y melancólicos de apaleado, porque levantaban una losa negra en mi corazón, un lugar abierto una tumbra, un agujero, una llaga de la que salían en doliente procesión sus difuntos a la cabeza de otros difuntos y por la que desfilaba el sufrimiento y la amargura de su vida."





"Era demasiado frío. Guardaba las distancias. Hacía que me sintiera un empleado. Yo ya sabía que era un empleado. No entendí esa necesidad de que me lo pasaran por las narices."






"Era un perro sincero: ladraba y además mordía"






"Sí, yo lo escribí.
Señoras y caballeros de la comisión, de la comisión tetuda, de la comisión peluda y concienzuda, lo escribí yo, señoras y caballeros, lo escribí yo. De verdad que sí. No lo entregaré: una tímida propuesta, si se me permite decirlo, una nadería. Pero gracias a sus amables palabras. Sí, los quiero a todos. Sinceramente. Amo a todos y cada uno de ustedes, anís, parchís, París, ¡achís! Amo especialmente a las mujeres, a la fémina, la fe y la mina. Que me desvistan y se adelanten. De una en una, por favor. Tú, despampanante golfa rubia. A ti te tendré la primera. Aprisa, por favor, tendo el tiempo justo. Tengo mucho que hacer. Hay poco tiempo. Soy escritor, ya sabes, mis libros, ya sabes, la inmortalidad, ya sabes, la fama, ya sabes, ya conoces la Fama, ¿no? Fama, la conoces, ¿no? La fama y todo eso, bah, bah, un simple incidente en el tiempo del hombre (...)"





"Tomé el autobús. Era la única moneda que tenía. En el autobús me quedé dormido. Me había equivocado de autobús. Tuve que recorrer andando 8 kilómetros."





"¿Y dónde estaría ella, la mujer que había sido mía aquella noche esplendorosa? Oh, niebla, llévame hasta ella. Tengo mucho que olvidar. Hazme semejante a ti, agua flotante, difusa como el alma, y condúceme a los brazos de la mujer de blanca faz. (...)
Te estoy viendo, mujer de aquella noche; te veo en la santidad de algún mugriento albergue del puerto, con la niebla fuera, y tú con las piernas abiertas y el frío de los besos mortales de la niebla, y con olor a sangre en el cabello, un olor dulce como la sangre, tus medias descosidas y rotas colgando en una silla desvencijada bajo la fría luz amarilla de una bombilla solitaria y sucia, en el aire flota olor a polvo y a piel húmeda, tus destrozados zapatos azules yacen tristemente a los pies de la cama, surcan tu cara las arrugas de la fatigosa infelicidad por desfloramiento chabacanao y la embrutecedora pobreza, tus labios de golfa, y no obstante suaves, hermosos y melancólicos me gritan que vaya, vaya, vaya a ese desdichado cuartucho para cebarme en el putrefacto éxtasis de tu forma, para darte una belleza tortuosa del infortunio y una belleza tortuosa a cambio de la ordinariez, mi belleza a cambio de la tuya, la luz ennegreciéndose mientras gritamos nuestro triste amor y adiós al enrevesado parpadeo de un amanecer gris que se negaba a comenzar en serio y que en realidad nunca habría llegado a tener fin."

lunes, 3 de noviembre de 2008

Yonqui / William S. Burroughs


Sigo tirando de archivo, y gracias a un comentario de Bárbara me he decantado por este libro para la actualización. Por ello y por su actualización sobre Bolaño, queda la entrada dedicada a la citada artista. (Visiten Les Machines Célibataires)

Burroughs ya ha tenido entrada en el blog, dedicada a la novela El almuerzo desnudo. Para empezar voy a ponerles en situación de quién es este Burroughs. Este hombre era (1914 - 1997) un yanquee que a lo largo de su vida lo que más ha hecho ha sido viajar, en todas sus vertientes. Física y mentalmente, porque se pegaba unos viajes de drogas que pa qué. Algo que, como audaces que son ustedes, habrán intuído al leer el nombre del libro. Y al ver la foto. Que no me decís nada de las fotos. Que me estoy esforzando en tematizar las fotos y ni el crítico ha dicho nada al respecto. A ver qué va a pasar aquí... (El resultado de tematizar la foto del libro de Trainspotting fue censurado).

Apaciguadas mis vísceras, continúo.
Decía que el Burroughs se ponía hasta el culo y escribía novelas. Era adorado por los Beatnicks, el Kerouac, Ginsberg and company; además eran colegas y compartían aficiones. Aunque él era mayor que todos ellos. Burroughs, como muchos beats, "entendía", no sé si lo captan. Era un viciosillo... de mucho cuidao, carne y pescao, lo que fuera. MAtó a su mujer jugando a Guillermo Tell, vivió en Tánger,
"Yonqui" dentro de lo que cabe es una novela normal, es de las primeras que escribió, pero el tío se convirtió en un experimentador de mucho cuidado. Lo de El almuerzo desnudo no es normal, vamos, es comprensible que haya genteque a las 13 páginas lo deje. Aparentemente no tiene pies ni cabeza. Pero a mí este tío me transmite. Se le ve atormentado.

La lectura de Yonqui es sencillísima, ágil, con ritmo, y te metes en la piel del personaje. Vaya si te metes. Menudas reflexiones y menudas frases que suelta el amigo. La edición de la foto incluye un prólogo hecho por Allen Ginsberg. En él cuenta cómo Burroughs, tras matar a su mujer por accidente y huir a África, se carteaba con él (que a su vez fue recluído en un sanatorio mental) y le enviaba capítulos de Yonqui. Simples "anécdotas que consideraba curiosas, aunque -para mi emocionada sorpresa- no tardó en acariciar la idea de convertir aquellos fragmentos en el embrión de un libro." (Ginsberg dixit) Esto ocurría sobre el año 1950. A su vez explica las dificultades a la hora de publicar su libro dada la cantidad de droga que aparecía en él.

Lo que le sigue es un prefacio de Burroughs a modo de introducción en el que explica su relación con la droga y las conclusiones a las que ha llegado tras años de experiencia. Dentro y fuera de ella (fíjense, para todo lo que se metía, la tira de años que vivió). Sentencia con: "He aprendido la ecuación de la droga. La droga no es, como el alcohol o la yerba, un medio para incrementar el disfrute de la vida. La droga no es un estimulante. Es un modo de vivir. "

Y ya, a partir de ahí comienza a contar sus aventuras. Las idas y venidas sexuales y toxicómanas (¡oh! el gran problema de pillar y no ser pillado). Pero sobretodo analiza las situaciones de su vida "cotidiana" de manera muy lógica, se le ve que es un tío muy inteligente.

No puedo dejar de recomendarlo.

Indispensable.

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"Si las burbujas de aire mataran, no quedaría ningún yonqui vivo"




"Cuando una persona conoce a otra, hay un periodo de mutuo examen a nivel intuitivo para descubrir si entre ellas es posible la empatía o la identificación"





"Ver a Doolie con el síndrome de abstinencia era algo terrible. La envoltura de su personalidad había desaparecido, disuelta por sus células hambrientas de droga. Vísceras y células, galvanizadas por una repugnante actividad, como la de una larva de insecto tratando de romper su capullo, parecían a punto de salir a la superficie."






"Y es que Nueva Orleans es extraordinariamente ruidosa. Los conductores se guían sobretodo mediante el uso de los cláxones, como los murciélagos."






"Las zonas de droga no se reconocen por su aspecto, sino por algo que se siente, por un proceso semejante al del zahorí que busca y descubre agua subterránea. Va uno paseando, y de pronto, la droga contenida en las células se agita y se retuerce como la horquilla del zahorí: *¡Aquí hay droga!* ."








"Los fumetas no son como los yonquis. Un yonqui suelta el dinero , coge la droga y se las pira. Pero los fumetas no. Esperan que el camello les invite a unos canutos y a sentarse para charlar un rato. Y tienes que aguantar todo eso para vender dos dólares. Si vas directamente al grano, dicen que los deprimes porque los haces sentir miserables."







"a mi juicio, los fumetas son inescrutables"







"La hierba no empuja a nadie a cometer delitos. Jamás he visto que nadie se pusiera agresivo bajo la influencia de la hierba. Los fumetas son muy sociables. Demasiado, para mi gusto. No puedo entender por qué la gente que asegura que la hierba induce al delito no exige que se prohíba también el alcohol. Todos los días se cometen delitos por borrachos que jamás habríian obrado así estando sobrios".






"Sentía un nudo en el estómago igual que si estuviera a punto de meterme un picotazo después de mucho tiempo sin droga. Hubiera debido tener más cuidado, desde luego, pero nunca sabido combinar precaución y sexo".








"El trabajo de camello era una especie de servicio público que iba rotando de uno a otro miembro del grupo. La duración de tal servicio solía ser de tres meses. Todo el mundo estaba de acuerdo en que se trataba de un trabajo ingrato. Como decía George el Griego:
-Siempre se termina en la cárcel y sin blanca. Todo el mundo te llama cabrón si no le fías; y si lo haces, te estafan."







"Era el doctor Fredericks, jefe de psiquiatría del sanatorio.
Me hizo la pregunta que hacen todos:
-¿Por qué siente la necesidad de tomar droga, señor Lee?
Cuando se oye esta pregunta, se puede estar completamente seguro de que quien la hace no sabe absolutamente nada de la droga.
-La necesito para salir de la cama por las mañanas, para afeitarme y para tomar el desayuno.
-Quiero decir físicamente.
Me encogí de hombros. Lo mejor habría sido darle la respuesta que quería, para que se fuera: *Me causa placer* ".





"No hace falta fuerza de voluntad para decir que no cuando se está desenganchado. No apetece"






"El significado de mañana es: *Espera hasta que la situación sea favorable* . Si tienes una necesidad de comprar droga y acosas a personas a las que desconcoes, lo único que conseguirás es que te roben, y con bastante probabilidad, que la pasma se te eche encima. Pero si esperas, la droga llegará hasta tí si así lo deseas"





"¿Por qué un adicto queda enganchado con mucha mayor rapidez que un neófito, aunque haya estado descolgado durante años? No acepto la teoría de que la droga impregna el organismo de forma permanente -se supone que se acumula sobretodo en la médula espinal- y está siempre al acecho, ni me satisface ninguna de las respuestas psicológicas. Creo que el uso de la droga causa una alteración celular permanente. Una vez yonqui, siempre yonqui. Puedes dejar de cnsumir droga, pero nunca te desenganchas del todo."





"El yonqui se pasa la mitad de su vida esperando."


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Bueno, he visto que está el libro entero en internet. Si tienen impresora en el trabajo y no les parece una herejía imprimirse un libro, helo aquí->> Yonqui (William S. Burroughs)