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miércoles, 22 de agosto de 2007

El tío Vania, La Gaviota y El Jardín de los Cerezos / Anton Chèjov




Una de teatro… bueno, 3 (todas en cuatro actos).

Lo que tienen en común todas es que lo que acontece en cada una de ellas, a pesar de estar situadas a finales del S XIX, podría adaptarse perfectamente al hoy en día.

El tío Vania, trata sobre una familia rusa en la que uno de sus miembros ha sido un eminente profesor que vivía alejado del resto, pero no por ello merecía menos atención. Al contrario, siempre haciendo esfuerzos en honor del profesor. El problema es cuando llega la hora de jubilarse y volver a casa; descubrirá la línea que ha seguido cada uno de ellos. El mismo tío Vania, un gran personaje con millones de matices, acabará hasta los huevos del pedante del profesor.
Añádanle a la historia familia, amores no correspondidos, imaginación, sueños rotos, frustración y, sobre todo, miedo y cobardía.

La Gaviota, tiene como dos líneas argumentales. Una de ellas, la clásica de amoríos.
La otra es una guerra entre el arte conservador y el moderno (para la época); con actrices, y 2 escritores de por medio.
Uno de ellos, Konstantin Treplióv, cree que el futuro está en el simbolismo, y el otro, Borís Trigorin, considera lo contrario (opinión de la que era partidario Chejov).

El jardín de los cerezos, trata sobre la vuelta de Ljubov Andréievna a su casa natal tras 5 años en París con su amante y sus hijas, lugar a donde huyó para olvidarla muerte de su marido e hijo pequeño. Al llegar a casa, descubre que la fortuna que amasaban ya no existe como tal, cosa que ni ella ni su hermano estarán dispuestos a admitir.
Uno de los hijos de quienes fueron siervos antaño en esa misma casa, les propone comprarles su jardín de los cerezos para ahí construir una urbanización, de manera que ellos podrían salir del apuro….

“YELIENA.- Usted es culto e inteligente, Ivan Petrovich, debía sin duda darse cuenta de que ele mundo está siendo aniquilado,, no por el fuego o el pillaje, sino por el odio, la enemistad y todas esas mezquinas rencillas… Su obligación sería reconciliar a la gente, y no murmurar.





“VOINITSKY.—Es amiga mía.

ASTROV.--¿Ya?

VOINITSKY.—¿Qué significa “ya”?

ASTROV.—Una mujer puede llegar a ser amiga de un hombre únicamente en tres etapas: primero será una grata conocida, después una amante, y sólo después de esto es amiga.

VOINITSKY.—¡Una filosofía grosera!

ASTROV.-- ¿Cómo? Bueno, sí… He de confesar que me estoy volviendo grosero… Mira, además estoy borracho. Habitualmente me emborracho así una vez al mes. En este estado me muestro extremadamente provocativo e insolente. ¡Todo me es igual, entonces! Me embarco en las operaciones más difíciles y las realizo primorosamente; ¡trazo los más ambiciosos planes para el futuro! En tales ocasiones no me siento chiflado, e incluso creo ser de gran provecho a la humanidad…, ¡gran provecho! En esos momentos tengo igualmente un sistema filosófico propio, según el cual todos vosotros, amigos míos, resultáis insectos insignificantes…, microbios.

(…)

SONIA.—¿De nuevo has vuelto a emborracharte con el doctor, tío Vania? ¡Buena pareja! ¡No está bien eso a su edad!

VOINITSKY.—La edad no tiene nada que ver con esto. Cuando no se cuenta con realidades que vivir, se vive de ilusiones. De cualquier forma son mejor que nada.”







“YELIENA.—(…) Me parece que la verdad, sea cual fuere, no es tan terrible como la incertidumbre. Confía en mí, querida.

SONIA.—(…) No, la incertidumbre es mejor… por lo menos queda la esperanza…







“ASTROV.—El truco es viejo. No eres un loco, sino simplemente un extravagante. Un pobre bufón; también yo creía que todo extravagante era un enfermo o un anormal. Pero ahora sé que es natural que un hombre sea un extravagante. Tú eres absolutamente normal.”





“DORN.—Y hay algo más. Una obra de arte ha de expresar una idea con claridad y resueltamente. Tiene usted que saber para qué escribe, pues si sigue usted el sendero encantado de la literatura, sin un fin definido en su mente, se extraviará y su talento acabará arruinándole.





“DORN.—No, no son tonterías. El vino y el tabaco anulan la personalidad. Después de fumar un puro o de beber un vaso de vodka, ya no es usted simplemente Piotr Nikolayevich, sino simplemente Piotr Nikolayevich y alguien más. Su yo se ha disuelto, y comienza a pensar en sí mismo como si se tratase de alguien completamente distinto, de un él.






“TRIGORIN.—(…) Cada una de sus frases o palabras, o de las mías propias, es atrapada por mí, y me apresuro a guardarla en mi despensa literaria por si algún día me sirve para algo. (…) Yo soy el principal obstáculo de mi tranquilidad. Siento que estoy devorando mi propia vida, pues, para conseguir la miel que luego entrego a unos pocos de los seres que pueblan el espacio, he de recoger antes el polen de mis mejores flores, privándolas de él para siempre, destrozándolas y pisoteando sus raíces…”