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martes, 17 de abril de 2007

Manteca Colorá / Montero Glez



Monterito… otro de mis escritores fetiches (danke BBB).

Os dejo un enlace del otro libro suyo que aparece en denmeunpapelillo: aquí

Manteca Colorá: dícese de manteca de cerdo cocinadacon trozos de carne y otras especias que tiene color anaranjado. Ideal para desayunaruntado en un mollete.

En este libro lo untan en poyetes.

Esta vez, el escenario es Conil de la Frontera (Cádiz). Y los personajes principales, los típicos del colega:

-el Roque: delincuente de toda la vida, enchironao una vez (y por mis muertos que no me vuelven a encerrar) y en busca del negocio del siglo. Trapis de jachís.

-la Sole: tabernera y amorcísimo del Roque.

-Coronel Peralta: picoleto corrupto que intenta liársela al Roque.

Los secundarios son básicamente:

-secuaces de Peralta: maderos y/o sicarios.

-extras: putas, curas, marujas, etc.

Como siempre mucha jerga, que en esta ocasión viene con marcado acento gaditano. Si es que el prenda habla como mi abuela! Jajaja. Me ha hecho gracia la parte en que dice “Bombón helao, ar rico bombón helao, chicles, palomitas, chuches, señoras, señor, tenemos bombón helado o mejó prefiere usté un cocacola” Autentiquísimo! Los pives de las playas de Cádiz tienen: er fanta, er cocacolo, y la jarmendra Anuncian esto y lo turnan con cánticos estilo: tú lo quiere e que me coma er tigre, que me coma er tigre.. mis cannes morena.

Se lee en un pliqui y tienes momentos para reirte y otros para decir: qué cabrón.

Amor por Montero!


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“Por si no lo he dicho antes, estamos hablando de Conil de la Frontera, un pueblo
marinero situado en la región más antigua y más ofendida de occidente: la costa
gaditana. El pueblo no es muy grande y, visto de lejos, se asemeja a un brochazo
blanco sobre la playa que llaman de los Bateles. Sin embargo, a la noche, recién
encendidas las casas, guarda cierto parecido con un belén navideño de los tiempos
de Augusto, no haciendo falta que sea época de villancicos para que el milagro
acontezca.”


“A cada uno lo que le corresponde, pues el coronel, además de detallista, era un hombre de respeto con la vida y con los sacramentos de la Santa Madre Iglesia. Ya dijimos que te daba por el culo, pero por lo menos tenía la puta cortesía de hacerte una paja con la mano. Sus ejecuciones, al igual que sus pajas, eran públicas y estaban en boca de todo el mundo. Siempre tenía la delicadeza de poner un clérigo para la cosa de la extremaunción.”


“Pierde cuidao, que las mentiras tienen las patas muy cortas y ésta más aún, sabusté, pues ésta ya venía castrada. Motivo de sobra para no esperar a San Martín y acabar de una puta vez con un cerdo de los de peso y calibre.”



“El citado individuo era, además de guarreras, un tipo sin ningún escrúpulo a la hora de llevarse por delante a quien fuese. Capaz de meterle fuego a un orfanato sólo por darse lumbre (…)”



Cabe reseñar que es cosa común lo de dotar de respetabilidad a los fiambres, aunque en vida hayan sido unos perfectos hijos de puta.



“La bronca no había hecho más que comenzar. Hagan apuestas y no se equivoquen, pues aunque el moro tenga el instinto asesino tan desarrollado como la polla, el Roque la tiene más larga. Tanto como el ancho de este libro cuando está abierto. Y no hablemos del instinto asesino.




“Ahora la Sole, enterrada la cara llorosa en la arena, intentaba cerrar la brecha que el tiempo abría. Pero eso era imposible, para eso no existía remedio, como tampoco hay remedio cuando le meten a una un balazo en el corazón y se lo rompen para siempre.”




“Conil de la Frontera no había perdido una pizca del encanto que antaño le caracterizaba y volvía a ser un pueblo al margen de la ley. Curiosos y fisgones, periodistas incautos y vendedores de bocatas, cocacolas y bombón helado, gente, gente y más gente, invadía la cuneta de entrada al pueblo. Ninoninoninonino. Bombón helao, ar rico bombón helao, chicles, palomitas, chuches, señoras, señor, tenemos bombón helado o mejó prefiere usté un cocacola, voceaba el Sota. Pida por esa boquita que aquí tenemos de to. De to. Y to güeno. Bombón helao, ar rico bombón helao. Ninoninoninonino, rompía la noche el aullido de la sirena. Ninoninoninonino.”




“El Tambucho le pegó otra pitada al cigarrillo, era el último y se notaba en sus nervios. Lo consumía con tantas ganas, hundiendo las mejillas en cada atacada, que el acto de fumar, por su boca, reconvertía en acto obsceno. Era como si con el vicio se le arrugasen los pelos de la barba, incluso los del culo.




“Sólo se muere una vez, pero es pa tanto tiempo que, a la verdá, es que no dan ganas.