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viernes, 9 de febrero de 2007

El vuelo de la libélula / Martin Page


El señor Martin Page (del cual desconozco el resto de su obra) me ha encantado. Como historia la novela no destaca (a mi forma de parecer), pero las refexiones que lleva consigo respecto al mundillo artístico me parecen más que acertadas.
La trama va acerca de una chavala (Fio) que es pintora y se dedica a extorsionar a millonarios con mensajes anónimos en plan: SÉ LO QUE OCULTAS. O ME PAGAS O SE DESCUBRE EL PASTEL.
Y la mayoría de ellos, aún sin saber a qué se refiere, pagan. Sin rechistar. Mentes oscuras con remordimientos y mucho que esconder. Hasta ahí bien.
El tema empieza cuando uno de sus extorsionados se enamora de los cuadros de Fio, conviertiéndose así en su mecenas. Su protector.
Éste fallece y en el testamento incluye a Fio y su obra, que sean valoradas y cuidadas como se merecen.

De este modo la sencillez y transpariencia de Fio tiene que entrar en contacto con los aduladores artistas. Donde nadie es quién parece ser.

Y es que debe ser así tanto en el mundo de la literatura, como en bellas artes, como en la música...


¡¡¡Me recuerdan, a mi pesar, a tantos!!!

Apariencias, sólo apariencias... envidias, intereses cruzados, cinismo. Todo bien reflejado en el libro.


****


"En la pizarra le enseñaron cuántos son seis por siete, que la capital de Islandia es Reykiavik, que el agua es H20; en el patio de recreo aprendió que uno está contra todos, que la capital de la vida es la muerte, que el sudor es la fórmula química del miedo."




"En un arranque contenido el ministro rompió a reír; unos gorriones hembras, atraídos por aquel canto, se le acercaron dando saltitos."





"Unos ánsares acababan de pasar por encima con vuelo perfecto y nadie había reparado en ellos. ¿Qué podía contemplar aquella gente que superase semejante belleza natural? A ellos mismos. Se miraban en los ojos de aquellos a los que miraban, como en un cielo de pupilas dilatadas e irisadas de ambición."





"Por mucho que el arte se hubiera convertido en una religión para todos aquellos ateos pijos de los barrios altos, era una religión pacífica que, si pasaba sembrar terror, sólo lo hacía sobre el papel. No se cometían genocidios ni matanzas como la de San Bartolomé en nombre de ese dios, no se sometían pueblos ni razas por obedecer sus preceptos. Como mucho, se daban cirrosis hepáticas y alguna que otra sobredosis, depresiones a mansalva, vidas arruinadas por la amargura y la injusticia, unos cuantos suicidios, nada del otro mundo."




"La actitud de los artistas se le antojaba la misma que la de jugadores de golf. En el Saint-Andrews Globe había leído un reportaje según el cual el 80% de los golfistas confiesan que le dan a la pelota con el pie u olvidan golpes, es decir, que hacen trampa. Todos declaran, sin embargo, ser jugadores honestos y aborrecer a los tramposos. En el arte pasaba igual: seres encantadores que desaprobaban el amiguismo, el nepotismo y los golpes bajos y rechazaban las relaciones profesionales incestuosas entre artistas, críticos, marchantes y políticos, pero que colaban la pelota con el pie y enviaban la del vecino a los matorrales. Sí, no cabía duda de que el palo 8 era el más apto para el mundo del arte. A no ser que lo fuera el bate de béisbol."




"Mostraba la taciturnidad propia del que sufre por su arte; lo que pensaba del mundo, de los hombres, de las mujeres, lo sumía en la desesperación."




"Como desde finales de Diciembre, aunque el invierno estaba siendo soleado, hacía mucho frío, aparte de la consabida cohorte de ilusos corredores que creen que el sudor bastará para ahuyentar a la muerte, el parque estaba prácticamente vacío."





"Desconfíe de esa admiración, no es más que la coartada del odio."




"Toda época es una madre orgullosa que piensa que sus hijos son los más maravillosos. Para él, sin embargo, nada era tan nuevo como las obras del pasado."




"En esos ambientes, un conocido era alguien que había estado varias veces en el mismo recinto que uno; un compañero, una persona cuya mano había uno estrechado; un amigo, alguien con quien uno había hablado."




"Los invitados se observaban unos a otros y espiaban los secretos de su trivialidad dorada. Vestían con gusto todo lo que decían, hecha la lengua de una piel satinada y debidamente tratada contra los estragos de la humildad. Guardaban sus ideas siliconadas en cajas de acero pintadas a rayas angulares y sobrias y decoradas de arabescos o –las más bonitas- de cristal. Las mujeres se empolvaban la cara con sus propias frases, y añadían un toque de carmín a los labios de sus pensamientos más tristes; un poco de desodorante eliminaba las bacteria de una realidad demasiado proclive a ensuciarse. Sus conversaciones tenían la fragancia de un gran perfume, un aroma a bergamota, cilantro, y guinda seguido de un trío florido –jazmín, rsa de Bulgaria y lirio- que no pasaba inadvertido. El clima de sus conversaciones se caldeaba un poco con la llegada, como nota de fondo, de oro de ámbar y mirra sobre cada uno de los verbos que utilizaban."






"Había permanecido en silencio durante aquel encuentro unilateral, aunque en ciertos silencios hay incendios deseados que de buena gana abrasarían las frases secas de los mejores oradores."

jueves, 8 de febrero de 2007

El almuerzo desnudo / William S. Burroughs


He aquí el libro más caótico que he leído nunca. Probablemente por ser una recopilación de escritos sueltos durante su época de “enfermedad”.”La enfermedad”, esto es: la droga.

Ya para empezar presenta una introducción que titula: como DECLARACIÓN: TESTIMONIO SOBRE UNA ENFERMEDAD.

Y en la primera cara expone:


"Desperté de la Enfermedad a los cuarenta y cinco años, sereno, cuerdo y en bastante buen estado de salud, a no ser por un hígado algo resentido y ese aspecto de llevar la carne de prestado que tienen todos los que sobreviven a la Enfermedad... La mayoría de esos supervivientes no recuerdan su delirio con detalle. Al parecer, yo tomé notas detalladas sobre la Enfermedad y el delirio. No tengo un recuerdo preciso de haber escrito las notas publicadas ahora con el título de EL ALMUERZO DESNUDO. El título fue sugerido por Jack Kerouac. Hasta mi reciente recuperación no comprendí lo que significaba exactamente lo que dicen sus palabras: ALMUERZO DESNUDO: un instante helado en el que todos ven lo que hay en la punta de sus tenedores.
La Enfermedad es la adicción a la droga y yo fui adicto durante quince años. Cuando digo adicto quiero decir adicto a la droga (término genérico para el opio y/o sus derivados, incluyendo todos los sintéticos, del demerol al palfium). He consumido la droga bajo muchas formas: morfina, heroína, dilaudid, eucodal, pantopón, diccodid, diosane, opio, demerol, dolofina, palfium. La he fumado, comido, aspirado, inyectado en vena-piel-músculo, introducido en supositorios rectales. La aguja no es importante. Tanto da que la aspires, la fumes, la comas o te la metas por el culo, el resultado es el mismo: adicción. Cuando hablo de adicción a la droga no me refiero al kif, la marihuana o cualquier preparado de hachís, mescalina, Bannisteria caapi, LSD6, hongos sagrados, ni a ninguna droga del grupo de los alucinógenos... No hay pruebas de que el uso de algún alucinógeno produzca dependencia física. La acción de esas sustancias es fisiológicamente la opuesta a la acción de la droga. El celo de los departamentos de narcóticos de Estados Unidos y otros países ha dado lugar a una lamentable confusión entre las dos clases de drogas."



Tiene aparentes momentos de lucidez en el que no escribe paranoias, y parece que cuenta algo con sentido. Sin embargo las desgarradoras imágenes de locura me llenan de sobremanera, a pesar de no encontrarle ni pies ni cabeza.

Existe una película con el mismo título que cuenta parte de la vida de Burroughs, pero por supuesto no es una adaptación de libro (cosa que me parece imposible) más bien refleja la época en que estuvo bajo “la enfermedad”. Su momento más subterráneo, después de meterle plomo entre ceja y ceja a su mujer en una de sus divertidas partidas a “Guillermo Tell”. Me lo imagino en plan:

-Venga tronca, ¿echamos una partidita?
-Joder, ¿otra vez? Eres un brasas, Bill. Pero yo no la ligo, te toca a ti, el último día me la ligué yo.
-Anda tonta… si sabes que te gusta el peligro. Además es un hecho constatado que mi puntería es mejor que la tuya. ¿Te hace un pico?
-Va, pa luego. Venga, trae aquí el vaso.

Entonces Bill le lanza el vaso desde la cama en la que está tumbado, ella se lo coloca sobre la cabeza y apoya la espalda en la pared. Bill apunta y… CLACK, POW!!!.

-Mierda, se me ha ido un poco bajo.

Pared, techumbre y suelo tintados de rojo sangre.

Normal que se quedara un poco trastocao.
El libro además trae un apéndice al final con un estudio de las drogas que ha consumido, sus efectos y contraindicaciones para con el resto de sustancias, junto con diferentes definiciones de estados o métodos relacionados con el consumo de drogas. Menciona: opiáceos, curas de reducción, curas de sueño, Apomorfina, Cortisona, Toracina, Reserpina, Tolserol, barbitúricos, cloral y paraldehídos, alcohol, bencedrina, cocaína, cannabis índica (marihuana), peyote y bannisteria caapi (un tipo de enredadera).

En fin, literatura subterránea…. Y sucia. Drogas, sexo y alucinaciones.

"Sus primeras palabras: «Me parece usted persona inteligente. » (Palabras de mal agüero siempre, muchacho... Cuando las oigas no debes preparar la huida, sino largarte de inmediato.)"




"La fealdad del espectáculo, amable lector, sobrepasa toda descripción. ¿Quién puede ser un vil cobarde meado de miedo y al mismo tiempo un vicioso mandril culimorado, alternando tan deplorables estados como escenas de vodevil? ¿Quién puede cagar sobre un adversario caído que, moribundo, come la mierda y grita de júbilo? ¿Quién puede ahorcar a un débil mental para recibir su esperma en la boca como un perro vicioso? Con gusto, amable lector, haría gracia de estos detalles, pero mi pluma, como el viejo marinero, tiene su propia voluntad. ¡Oh, Cristo bendito, qué escena ésta! Un chulo joven y bestial hace saltar el ojo de su compañero y se la mete por el cerebro. «Este cerebro ya está atrofiado, y más seco que el coño de la abuela. »"



"Todas las calles del centro descienden entre cañones más y más profundos hasta una amplia plaza en forma de riñón, llena de oscuridad. Las paredes de calles y plazas están perforadas de cafés y cubículos habitados, algunos de muy poca profundidad y otros que se alargan hasta más allá de la vista formando una red de pasillos y habitaciones. A todos los niveles se entrecruzan puentes, pasarelas, tranvías de cremallera. Jóvenes catatónicos vestidos de mujer con trajes de arpillera y andrajos podridos, caras intensa y groseramente pintadas de colores chillones sobre estratos de cardenales, arabescos de cicatrices supuradas abiertas hasta el hueso nacarado se aprietan contra los transeúntes con silenciosa y tenaz insistencia.
Traficantes de la Carne Negra, carne del gigantesco ciempiés acuático negro —que llega a alcanzar dos metros de longitud— hallada en una ruta de rocas negras y lagunas pardas, iridiscentes, exhiben crustáceos paralizados en unos escondrijos de la plaza y solamente visibles para los Comedores de Carne. Practicantes de oficios inconcebibles y ya olvidados, estraperlistas de la Tercera Guerra Mundial, excisores de sensitividad telepática, osteópatas del espíritu, investigadores de infracciones denunciadas por suaves ajedrecistas paranoicos, ejecutores de autos fragmentarios de procesamiento escritos en taquigrafía hebefrénica que acusan inimaginables mutilaciones del espíritu, agentes de estados policía sin constituir, destructores de sueños exquisitos y nostalgias puestos a prueba en las células hipersensibilizadas por la enfermedad de la droga y canjeados por materias primas de la voluntad, bebedores de Fluido Pesado sellados en el ámbar translúcido de los sueños."


El tiempo salta como una máquina de escribir estropeada, los chicos ya son viejos, caderas jóvenes estremeciéndose y retorciéndose con espasmos juveniles se ensanchan y ablandan, asentadas en la taza de un retrete, un banco de parque, un muro de piedra bajo el sol de España, la cama hundida de una habitación amueblada(fuera, casas baratas de ladrillos rojos, luz diáfana del sol de invierno)… retorciéndose y temblando en ropa interior sucia, buscándose una droga en el amaneces enfermo sin droga, en un café moro murmurando y babándose-,los árabes susurran Medyub y se escabullen (un Medyub es un tipo determinado de lunático religioso musulmán… generalmente epiléptico entre otros trastornos).”

miércoles, 7 de febrero de 2007

Luces de Candilejas / Andrés Amorós




Parece que tengo abandonada la novela...
En este caso Amorós hace un recorrido porlos espectáculos de España desde 1898 hasta 1939.
Dividido en 14 capítulos (introducción, música clásica, ópera, flamenco, el teatro "serio", el teatro musical, la canción popular, los bailes, los toros, el cine, la radio, el circo, los deportes y.......... LA CALLE) con una documentación A-CO-JO-NAN-TE.
Ilustra cada uno de ellos con citas de diferentes autores o con noticias aparecidas en publicaciones periódicas (ole ahí ese vocabulario especializado) en ese margen de tiempo.



La verdad es que es un repaso cultural enorme y ves que el entramado "artístico" está (estuvo) más enredado de lo que parece. Autores que actúan, actores que escriben, bailaores, toreros,cupletistas,.. la de dios. Y la menda que desconoce la mayoría de los nombres, pero que se ha quedado con más de una movida del libro.

A mí me ha gustado bastante, sobretodo el último capítulo (la calle) que a pesar de ser el más corto (3 páginas) es el único escrito por el señor Amorós, y me ha encantado. Se nota su admiración a Ramón Gómez de la Serna (el cual aparece tropecientas veces en el libro), me recuerda a él describiendo Madrid.

En fin, que después de "Manual de Literatura para Caníbales" ha sido un buen complemento para el margen temporal que trata. Costumbres y ocio...

***

"Con su sequedad e individualismo habituales, el vasco Baroja desdeña este tipo de espectáculo:
-Cuando recuerdo que de joven iba al paraíso del Real a asufrir incomodidades y molestias para oír los gorgoritos de una tiple o las escalas de un tenor, me considero a mí mismo como un estúpido. Esa sujeción de estar en el teatro como esperando el maná me fastidia. Todo lo colectivo me es antipático.-
(...)
En algún caso, el desdén de Baroja por la ceremonia social es vencido por el amor a la espontánea musicalidad del alma italiana y la nostalgia de los viejos teatros:
-A mí me gustaría oír por última vez esas operas desde el fondo de un palco, eun teatro elegante y pomposo, con una decoración clásica del siglo XIX-
¿Contradicciones? No le faltaban a don Pío, desde luego, ni nos faltan a ninguno de nosotros: -Yo soy un hombre con mi contradicción, proclamaba Unamuno. Lo que alguna vez nos ha abominado, en otra circunstancia vital nos embelesa..."





"Rafael Alberti nos ha transmitido el deslumbramiento de Lorca ante un hallazgo expresivo de un gran cantaor jerezano:
-Manuel Torres no sabía ni leer ni escribir; sólo cantar. Pero, eso sí, su conciencia de cantaor era admirable. Aquella misma noche, y con seguridad y sabiduría semejantes a las que un Góngora o un Mallarmé hubieran demostrado al hablar de su estética, nos confesó a su modo que no se dejaba ir por lo corriente, lo demasiado conocido, lo trillado por todos, resumiendo al fin su pensamiento con estas maistrales palabras: "En el cante jondo -susurró, las manos duras, de madera, sobre las rodillas- lo que hay que buscar siempre, hasta encontrarlo, es el tronco negro de Faraón"; viniendo a coincidir, aunque de tan extraña manera, con lo que Baudelaire pode a la muerte capitana de su viaje:

Aun fond de l'Inconnu poue trouver du nouveau!

¡El tronco negro de Faraón!
Como era natural, de todos los allí presentes fue Federico el que más celebró, jaleándola hasta el frenesí, la inquietante expresión empleada por el cantaor jerezano. Nadie -pienso yo ahora-, en aquella mágica y mareada noche, halló términos más aplicables a lo que también García Lorca buscó y encontró en la Andalucía gitana que hizo llamear en sus romances y canciones"






"La pasión por el teatro llevaba a no pocos autores a actuar, ocasionalmene, en algún escenario: lo hemos visto ya, en los casos de Gª Loca y Pío Baroja; habría que añadir a Valle-Inclán, Benavente, Mrtínez Sierra..."





"Equivocadamente, muchos identifican Zarzuela con Género Chico. No resulta difícil, en este caso, precisar las diferencias: el segundo es un capítulo de la primera. (...) Se llamó así a la organización del espectáculo teatral que consistía en ofrecer al público cuatro obras diversas, cada una en un acto, durante cuatro horas consecutivas, con entrada independiente en cada caso y a un precio asequible."




"Entre los rasgos del madrileño, Ramón Gómez de la Serna encontraba éste: "... es ir en la plataforma de un tranvía y que al mirar a un señor raro, éste no se ofenda por la mirada fija, sino que canturree: ¡Caballero de Gracia me llaman!"





"El duende opera sobre el cuerpo de la bailarina como el aire sobre la arena. Convierte con mágico poder una hermosa muchacha paralítica de la luna, o llena de rubores adolescentes a un viejo roto que pide limosna por las tiendas de vino; da con una cabellera olor de puerto nocturno y en todo momento opera sobre los brazos, en expresioones que son madres de la danza de todos los tiempos. Pero imposible repetirse nunca. Esto es muy importante de subrayar. El duende no se repite, como no se repiten las formas del mar en la borrasca."





"No es de extrañar que se desencadenara en España una verdadera pasión popular por la radio. Y que surgieran las caricaturas, como ésta de Ramón Gómez de la Serna: -Así como hay divorciadas porque su marido se dedica al alcohol, a las mujeres o al juego, las hay ahora porque el marido se dedica demasiado a la radiocomunicación."




"El amor no tiene nada equitativo, pero es una equitación.
La mujer es la espuela del hombre.
El hombre es el jockey de la mujer.
Domar mujeres, montar caballos...
Domar caballos, montar mujeres..
Todo es uno y lo mismo.
Una mujer que se entrega es un caballo de carrera.
Una mujer que se resiste es un potro de tortura.
Cuando el hombre suelta las bridas, la mujer se desboca.
Amar con pasión es galopar.
Amar románticamente es ir al paso.
El amor es una equitación.
Por eso, un amante que se siente viejo, os dirá siempre:
-Yo ya no estoy para estos trotes." (Jardiel Poncela)